¿Qué es el refuerzo positivo?

Desde hace unos años este término se viene utilizando mucho en la crianza de nuestros hijos, pero también desde hace el mismo tiempo los profesionales observamos que no siempre se conoce realmente su significado y, por tanto, su empleo no es tan eficaz como debiera.

De manera sencilla, es importante que veamos la diferencia entre refuerzo y castigo, ambos términos se refieren a dos formas diferentes de aprender y, por lo tanto, no tienen por qué ser equivalentes a los que usamos en nuestra cotidianidad.

El refuerzo es aquel estímulo (actividad, situación, objeto…) que aumenta la probabilidad de que una conducta se produzca en el futuro. Es decir, si dejamos que nuestro hijo pueda ver la televisión (refuerzo) si hace sus deberes adecuadamente (conducta) estaríamos utilizando la televisión como refuerzo pero, solo si realmente hace sus deberes adecuadamente en esa y futuras ocasiones podríamos decir que la televisión funciona como refuerzo, si no es así, y aún con esa expectativa, seguimos teniendo la misma lucha con nuestro hijo para que se ponga a hacer los deberes, “ver la televisión después” no estaría funcionando como refuerzo. Esto es importante, no todas las consecuencias, aparentemente agradables, funcionan como refuerzo para todas las personas. Por tanto tenemos que buscar las que lo son para una persona dada. Otro aspecto importante, del que muchas veces pecamos los padres, es el de dar el “refuerzo” antes de la conducta que queremos conseguir. Si yo dejo que mi hijo vea la televisión antes de hacer los deberes no es un refuerzo en términos de aprendizaje y también os digo que no suele funcionar, los refuerzos vienen siempre tras el esfuerzo.

En la misma línea, un castigo es aquel estímulo que reduce la probabilidad de una conducta. Al igual que el refuerzo, tenemos que buscar el adecuado para la persona y emitirlo después de la conducta. En post posteriores hablaremos de cómo establecer un castigo para que realmente sea eficaz, en este me conformo con que sepáis reconocer la diferencia entre este y el refuerzo y los diferentes tipos que veremos a continuación. Por lo tanto, un castigo no es tal si, tras varias aplicaciones, no reduce la conducta pretendida. Por ejemplo, nuestro hijo está acostumbrado a jugar a la consola después de hacer los deberes, pero como últimamente trae malas notas, le decimos que si no estudia no podrá jugar. A pesar de ello, cuando le toca estudiar, no lo hace, y se queda sin consola. Lo hacemos varios días y seguimos igual,  ¿qué ocurre? quizás no sea una consecuencia suficientemente importante para él, quizás sea porque aunque no tenga la consola tiene otras cosas que la sustituyen… Que os quiero decir con esto, que hay ocasiones en las que, si yo puedo obtener algo que quiero, aunque me quiten otras cosas que también me gustan, lo primero realmente no será un castigo para mí.

Una vez sabemos la diferencia entre refuerzo y castigo tenemos que ir un paso más allá. ¿Cuál es la diferencia entre refuerzo positivo y refuerzo negativo? ¿y entre castigo positivo y castigo negativo? Veámoslo de manera fácil.

El acompañante “positivo” y “negativo”, con independencia de si son refuerzos o castigos, es lo mismo que “dar” y “quitar” respectivamente. Acordémonos que para que un refuerzo o un castigo lo sean tal, han de suponer el cambio deseado en la conducta (aumento o disminución respectivamente), lo mismo sucede para valorar si realmente son positivos o negativos. Veamos unos ejemplos:

–        Refuerzo positivo: doy (+) un estímulo con la intención de aumentar (refuerzo) una conducta. Evidentemente, si pretendo aumentarla, tendrá que ser un estímulo agradable para el otro. Ejemplo: doy una chuche a mis pacientes peques si han cumplido las normas de la sesión.

–        Refuerzo negativo: quito (-) un estímulo con la intención de aumentar (refuerzo) una conducta. Al igual que en el caso anterior, si lo que quiero es aumentar un comportamiento, el estímulo que quito deberá ser desagradable o tedioso. Ejemplo: si mi hijo hace los deberes sin que yo tenga que recordárselo, ese día no tendrá que bajar la basura.

–        Castigo positivo: doy (+) un estímulo con la intención de reducir (castigo) una conducta. Lo que tengo que dar, si pretendo reducir un comportamiento, será algo desagradable. Aquí estaría el famoso “azote a tiempo” o la reprimenda. No vamos a hablar aquí de la eficacia real de ambos, pero sí nos sirven para explicar este concepto.

–        Castigo negativo: quito (-) un estímulo con la intención de reducir (castigo) una conducta. Lo que quitaré será algo agradable. Por ejemplo, no tener la tablet durante el fin de semana si suspendo un examen.

Como comenzábamos diciendo, los términos de refuerzo y castigo hacen referencia a formas de aprendizaje por lo que, bien utilizados, consiguen cambios importantes en nuestra conducta y en la de quienes nos rodean.  De la misma manera, podemos encontrar que una conducta indeseada, sin quererlo, la estamos reforzando y, por tanto, manteniendo. En el sentido contrario, puedo agradecer mucho un comportamiento pero hacer que vaya desapareciendo porque, o bien no lo estoy reforzando, o incluso lo estoy castigando.

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Acerca de Tatiana Carbajo

Grado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) Máster en Psicóloga General Sanitaria por la UAM Clínico en EMDR por la Asociación EMDR España Psicóloga en Centro APAI Docente en charlas para profesores y profesionales del ámbito socio-sanitario Psicóloga en distintos talleres de la Comunidad de Madrid
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