PAUTAS PARA PADRES DE NIÑOS CON TDAH

Todos los papás de niños con TDAH saben perfectamente qué características los definen y podrían darnos una clase a cualquiera de los profesionales acerca del tema. No obstante, antes de pasar a las pautas, intentaremos echar una mano con algunas características de estos niños que quizás cuesta más advertir.

Control de emociones y mantenimiento de la motivación y del grado de alerta. Estos niños se frustran fácilmente y no saben o no pueden inhibir su enfado o su angustia cuando tienen que afrontar ciertos esfuerzos. Además, les supone un enorme esfuerzo mantener la motivación, por lo que cambian frecuentemente de entretenimiento o tarea.

Dificultad en fragmentar, organizar y reconstruir conductas. Las dificultades para organizarse y planificar su actividad y su tiempo les van a afectar para resolver todo tipo de problemas.

La aversión a la demora del refuerzo. Dejar pasar el tiempo puede ser una enorme dificultad para los niños con TDAH, ya que no saben qué hacer, y la inclinación a buscar una recompensa inmediata suele acabar con la paciencia de los padres y pueden entrar en una dinámica de refuerzo a conductas poco adaptativas.

La falta de previsión de las consecuencias. Muchos padres temen que sus hijos se conviertan en carne de cañón de conductas problemáticas, precisamente por no ser capaces de anticipar las consecuencias de su conducta.

Déficit de autorregulación. Los niños con TDAH manifiestan una gran dificultad para guiar sus conductas mediante la percepción adecuada de la situación y mediante el pensamiento activo para frenar sus propias conductas inapropiadas.

Ineficacia del castigo. A los niños con TDAH les cuesta aprender de los errores, aunque éstos hayan sido castigados muy a menudo.

Vamos ahora con las pautas. Las dividiremos en tres apartados:

LÍMITES Y NORMAS

  • Que el niño no vea discordancias entre los padres respecto a las pautas de actuación. Los límites no pueden ser contradictorios: el padre dice una cosa y la madre otra, unas veces se permite y otras no. También eviten exigir algo que vosotros no hacéis
  • Utilizar los intereses del niño y emplearlos como motivación para ayudarle a aprender de forma más eficaz (“cuando terminemos puedes jugar con la videoconsola”)
  • Diferenciar entre las conductas voluntarias y las involuntarias. Los castigos aplicados a las acciones voluntarias deberían ser consecuencias lógicas de sus actos
  • Es conveniente dar órdenes claras y concisas, acompañando estas órdenes de contacto ocular y si es necesario haciéndoselas repetir al niño en voz alta
  • Evitar límites demasiado estrictos, así como castigos físicos o muy prolongados, suelen ser contraproducentes y de escasa eficacia. Utilizar como castigo “la ausencia de premio”
  • Hacerle partícipe de las tareas domésticas que pueda realizar según sus capacidades y alabarle cuando intente actuar por sí mismo
  • Un ambiente sin una normativa clara aumenta la ansiedad y confusión del niño. No actuar con él/ella de forma excesivamente permisiva. Sin embargo, es conveniente que proporcionarle pocas normas de conducta pero que éstas sean claras y coherentes
  • Evitar llamadas de atención en público. Comentar su comportamiento en privado: hablar tranquilamente con él de sus malas actuaciones y errores, explicándole que es necesario evitar las prisas y pensar antes de actuar

CONTROL AMBIENTAL

  • Evitar estímulos de alta intensidad (ruidos, luces, gritos), el niño responderá de forma exagerada a estos estímulos, gritos u órdenes fuertes
  • Situar al niño mientras hace los deberes en un lugar próximo al suyo para mantener contacto visual y más supervisión. Evitar estímulos que les distraigan (ventana, mesa desordenada, juguetes, etc.)
  • Comunicar al niño con suficiente antelación cualquier posible cambio en la dinámica del hogar de manera que pueda adaptarse a ella
  • Controlar la “intendencia escolar” antes de ir al colegio como si fuera una asignatura más (agenda, libros, lápices, etc.)
  • Procurar fraccionar las tareas y deberes a realizar en casa, utilizando tiempos más cortos. Las tareas largas deben dividirse en partes
  • Tener en cuenta que su comportamiento empeora en ciertas situaciones con menor control (cumpleaños, reuniones familiares, etc.)
  • Mantener entrevistas personales con el profesor/a cada cierto tiempo
  • Ante la hiperactividad motriz, permitirle la posibilidad de moverse en situaciones tales como: tiempo de comidas, deberes, etc.

AUTOESTIMA Y REFUERZOS

  • Aumentar su autoestima y confianza en sí mismo, ponderando sus éxitos por modestos que sean, no resaltando sus fracasos o afeando su conducta de forma reiterada. Motivación constante. Demostradle que lo valoráis
  • Cuando haga algo bien, reforzarlo con una sonrisa o una palabra de elogio
  • Las actividades extraescolares son importantes para estos niños, siempre que les gusten y que sirvan para mejorar su autoestima
  • Cambia la relación con tu hijo en una dirección positiva: pasa más tiempo con él
  • Préstale atención y escúchale hablándole con paciencia, comprendiendo su patrón de conducta y explicándole los planes para ayudarle

“Enfadarse con un niño enfadado, gritarle a un niño que grita y pegarle a un niño que pega, es como embarrarle de lodo porque se ha ensuciado y esperar que así se limpie”

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Cuando el pensamiento actúa en nuestra contra: distorsiones cognitivas

Es bien sabido que el pensamiento influye en nuestras emociones y conductas, por lo que si aquel negativo, posiblemente estas últimas también lo sean.

Bien sea por nuestra propia historia, las influencias familiares que hemos recibido, nuestros rasgos de personalidad, un estado de ánimo bajo o simplemente como resultado de un proceso de economía cognitiva, surgen lo que se conocen como distorsiones cognitivas, o lo que es lo mismo, pensamientos erróneos sobre la realidad que surgen con frecuencia en nuestra cotidianeidad y que producen una interpretación distorsionada de las situaciones que vivimos, dificultándonos así la gestión de las mismas y traduciéndose en conductas y emociones inadecuadas a dicha situación.

descargaSi bien el trabajo cognitivo, de cambio de pensamientos y creencias, es complejo, y requiere en muchos casos el asesoramiento de un Psicólogo, es importante que sepamos identificar esas distorsiones cognitivas que nos dificultan nuestra vida.

Veamos cuáles son las principales y ejemplos dónde las cometemos. Recordemos que suelen ser en negativo y que pueden hacer referencia a pensamientos sobre nosotros mismos y/o sobre los demás.

  • Atención selectiva. Fijarse solo en algunos detalles, obviando el contexto y el resto de las características de la situación, aún siendo mayoritarias. Cuando cometemos este error, minusvaloramos el resto de condiciones de la situación dada.

Ejemplo: Sí, me salió todo bien, pero al final me equivoqué y lo eché todo a perder o (en relación a las notas de nuestros hijos) sí, ha recuperado todas, pero con un 5.

  • Pensamiento catastrófico. Exagerar las consecuencias de una situación o la magnitud de la misma así como sobreestimar la probabilidad de que ocurra un evento negativo.

Ejemplo: Si me separo de él no lo voy a poder superar.

  • Error del adivino. Anticipar reacciones negativas de los demás sin una base absolutamente firme. Creer saber qué sienten o piensan los demás y por qué se comportan de la forma en que lo hacen, sin basarnos en los hechos y en la lógica.

Ejemplo: (En una presentación, tartamudear al presentarme) Pensarán que son idiota.

  • EtiquetarEtiquetado. Atribuir al ser, conductas concretas y puntuales. Concluir cómo es una persona, en base a una o dos conductas observadas.

Ejemplo: No he cumplido el horario esta semana, soy una vaga.

  • Imperativos (debería/s, tener que). Normas rígidas sobre cómo tendría que ser, ser los demás o la vida misma. Al sentir obligación por el cumplimiento de esa norma, cualquier pequeña desviación es vista como intolerable.

Ejemplo: Tendría que ser más interesante cuando hablo con los demás o después de los años que llevamos juntos, (mi pareja) debería saber que eso (un comportamiento suyo) me molesta. Este ejemplo merece una explicación a parte. Si yo pienso así ante un comportamiento de mi pareja me voy a enfadar el doble, primero por el comportamiento en sí y segundo porque parece que lo ha hecho a posta. Si sabe que no me gusta, ¿por qué lo hace? No es un pensamiento que me ayude a expresar mi malestar ni a intentar solucionarlo. Una máxima en habilidades sociales es que el problema lo tiene aquel al que algo le molesta. Por lo tanto, por muchas veces que mi pareja haga lo mismo, sabiendo/recordando que me molesta, quien tiene que volvérselo a decir o tomar decisiones al respecto, soy yo, no él.

  • Pensamiento dicotómico. Tendencia a clasificar las experiencias en términos de todo o nada, blanco o negro, desastroso o perfecto, etc. No se ve el término medio sino los extremos.

Ejemplo. Las cosas hay que hacerlas bien o no se hacen o para tener que ir al gimnasio a las 21.00 de la noche no voy.

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Cuando toca cambiar de rumbo

Este post es un tanto especial para mí ya que será el último que escriba para el gabinete A.P.A.I.

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A veces llegan momentos en la vida en los que te planteas cambiar el rumbo y no necesariamente porque estés a disgusto donde te encuentras si no porque simplemente quieres renovarte, evolucionar o proponerte nuevos retos. Esto es exactamente lo que me ha pasado durante los últimos meses, algo se ha cocido en mi interior y he decidido escucharlo.

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Estoy encantada con todos los pacientes que tengo y he tenido  en A.P.A.I. y con mis compañeras que forman un gran equipo. De hecho me ha costado una barbaridad decir a muchos de ellos o ellas que me marcho… La profesión del psicólogo es lo que tiene, que al final tratas con personas y como tenemos un interés genuino en ellas, las despedidas duelen. He de decir que también aprendemos mucho de nuestros pacientes y “pacientitos”, algo por lo que estoy  tremendamente agradecida. Uno de los principios básicos en comunicación que trato de enseñar en mis sesiones es que asumamos que en cada conversación que tengamos, sea quien sea nuestro interlocutor, podemos aprender.

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Ahora es el momento de vivir una nueva etapa, y esto la verdad es que suena maravilloso… Sin embargo en esta nueva aventura estaré expuesta inevitablemente a la incertidumbre, algo que da miedo ya que el ser humano tiene necesidad de control. Pero si hiciera caso a ese miedo jamás habría dado el paso y probablemente en el futuro me hubiera arrepentido y la verdad, prefiero arrepentirme de lo que hago que de lo que no hago por una predicción negativa hacia el futuro, porque… ¿Y si sale bien?

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Al fin y al cabo la vida es constante cambio, nada es para siempre y nada perdura en el tiempo. Lo bueno de cerrar un capítulo es que comienzas otro distinto, ni mejor ni peor, simplemente distinto. Otro principio fundamental que suelo enseñar en terapia es el de “no juzgar” en términos de bueno o malo. Algo que por una cuestión de supervivencia en ocasiones hacemos de manera automática pero que cuando nos damos cuenta de ello es mejor liberarnos y ver las cosas “tal cual son”.

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Al emprender un nuevo capítulo podemos conocernos mejor a nosotros mismos, aprender y abrirnos paso a nuevos caminos. De esta manera ampliamos nuestra zona de confort y nos sentimos más satisfechos con nuestra vida. Por ello si eres una persona que se encuentra en una situación similar o parecida a la mía te animo a que des el paso.

Para finalizar quiero dar las gracias a Rocío, directora del centro. por haberme dado la oportunidad de formar parte de su equipo y todo el aprendizaje que he adquirido tanto en atención individualizada como en docencia que han hecho que hoy sea la profesional que soy; a todas las compañeras que he tenido durante esta etapa: Pilar, Almudena, Tatiana, Blanca, Lara, Elia y Clara; a las niñas que he tenido de prácticas y a la familia de Rocío que me han hecho sentir verdaderamente a gusto.

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Un abrazo fuerte y hasta siempre!

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Dolor y sufrimiento en el deporte

Cualquiera que haya hecho deporte de un modo constante ha sentido en algún momento que ya no estaba disfrutando totalmente de los entrenamientos y que tal vez ese disfrute inicial se había tornado sufrimiento. Llegado este momento, que se podría ver como un punto de inflexión, es necesario preguntarnos: ¿Es necesario el sufrimiento?

Si bien es cierto que hacer deporte suele ser una herramienta para cuidar nuestra salud y tener distractores y reforzadores en nuestro día a día, cuando empiezas a aprender un deporte nuevo en el que vas avanzando, llega un momento en el que no es suficiente con pasarlo bien entrenando. Llega un momento que es necesaria cierta dosis de sufrimiento para conseguir ver avances y mejorar, porque si no podemos entrar en una fase de estancamiento. Puede que mucha gente solo quiera hacer deporte para pasar el rato y mantener una rutina, pero para otros, esa rutina puede volverse aburrida y necesitar nuevos retos. Es por esto que el sufrimiento en el deporte, puede ser necesario para algunos pero una carga para otros.

 

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En este momento es cuando entran en juego los beneficios y los costes. En este momento, los beneficios empiezan a aparecer a largo plazo y los costes los encontramos todos los días en el entrenamiento, es decir, a corto plazo. Solo vemos lo mal que lo estamos pasando y nos cuesta centrarnos en lo que queremos conseguir con tanto esfuerzo. Es por eso que este punto de inflexión va a marcar si continuamos con el deporte o acabamos dejando de hacerlo porque  no nos merece la pena.

Una herramienta muy útil que podemos utilizar es la matriz de decisiones en la que expongamos todos estos puntos. En esta matriz de decisiones deberemos apuntar los beneficios a corto plazo, es decir, lo que obtenemos en el mismo momento de realizar la actividad (por ejemplo ver a mis compañeros, salir de casa, un rato para mí, etc.). Debemos apuntar también los costes a corto plazo, es decir, los sacrificios que podemos tener que hacer en el momento de la actividad (por ejemplo no pasar tiempo con mis hijos, calor en verano, malas sensaciones al calentar, etc.).

Para completar la matriz es muy importante indicar también los beneficios que podemos obtener a largo plazo (por ejemplo tener mejor salud, adelgazar, cansarme menos, disminuir el estrés, etc.) pero también los costes a largo plazo que puedan aparecer (por ejemplo lesiones crónicas).

Habrá quien deje de hacer deporte si nota que el sufrimiento a corto plazo es mayor que lo que disfruta o los beneficios que puede obtener a la larga, por lo que no es raro que se llegue a plantear, “¿Merece la pena el sufrimiento si esto lo hago porque quiero?”.

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Es importante también que cuando perdamos la motivación nos preguntemos por qué y analicemos estos factores porque muchas veces es en estas dos cuestiones en las que perdemos las ganas de continuar, o por un exceso de relajación o por exceso de sufrimiento que a veces es innecesario.

 

Hay que encontrar el punto medio entre comodidad y motivación. Para unos será más reforzante lograr una rutina constante pero poco desafiante, y para otros una rutina que les suponga más retos y avances. Depende de cada uno y es una decisión en la que nadie más puede tomar partido que el propio deportista.

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Síndrome de Heminegligencia o “¿por qué ignoro la mitad de lo que me rodea?”

El síndrome de heminegligencia es una alteración neuropsicológica que padece la mayor parte de las personas que han sufrido un ictus. Es incapacidad de orientar la atención o considerar lo que sucede en la mitad del espacio. Y sí, ven perfectamente, no tienen ningún problema perceptivo: se trata de una alteración atencional. Y se pone de manifiesto de formas tan curiosas como comer medio plato, maquillarse únicamente un lado de la cara, afeitar un único lado de la cara o hacer medios dibujos. Éstos son los casos que se dan en la heminegligencia espacial. Pero veamos más tipos:

  • La heminegligencia sensorial: teniendo la sensibilidad, la vista o el oído en perfecto estado, estas personas ignoran la información sensorial que procede de la mitad de su cuerpo. Por ejemplo, pueden sentir un paño mojado en la mano derecha, pero no en la izquierda.
  • La heminegligencia motora, por su parte, consiste en la infrautilización de un lado del cuerpo. Estando el sistema motor intacto, este tipo de heminegligencia mantiene inútil, por ejemplo, el brazo y piernas izquierdas.
  • La heminegligencia representacional consiste en la imaginación de únicamente la mitad del escenario mental. En un estudio en el que se pedía a este tipo de pacientes que evocaran pueblos de Francia, se comprobó que todos ellos más pueblos de la parte oriental de su mapa mental.

Veamos otro caso de heminegligencia representacional:

Ella se quejaba de que no podía usar la cocina porque nunca podía acordarse de la localización de algo a su izquierda. Entonces le pedimos que se imaginara de pie en la puerta de la cocina y que describiera lo que había a su derecha e izquierda. No podía recordar nada de su izquierda. Luego le pedimos que se imaginara andando hasta el extremo de la cocina y dándose la vuelta. En este caso le preguntamos qué es lo que había a su derecha, que antes había estado a su izquierda. Una gran sonrisa apareció en su cara y empezaron a caérsele las lágrimas al darse cuenta de que entonces sabía lo que había en ese lado del cuarto. Sólo tenía que reorientar su cuerpo en la mente (Kolb y Whishaw, 2002).

  • La heminegligencia personal consiste en la inatención a la mitad del propio cuerpo. Puede decirse que se “olvidan” de estas extremidades, llegando al punto, en algunos casos, de no reconocer alguna parte del cuerpo como propia. Leamos el siguiente relato real:

Entonces descubrió […] “una pierna de alguien” en la cama… ¡una pierna humana cortada, era horrible! […] cuando la tiró de la cama, sin explicarse cómo, cayó él también detrás de ella… y ahora la tenía unida al cuerpo […] La asió con las dos manos, con una violencia extraordinaria e intentó arrancársela del cuerpo, y al no poder, se puso a aporrearla en un arrebato de cólera (El hombre que confundió a su mujer son un sombrero, Oliver Sacks, 2002).

Estamos ante un trastorno que presenta diferentes manifestaciones e implicaciones. El hecho de conservar la visión hace que la solución pudiera parecer tan sencilla como dirigir la vista hacia la mitad ignorada, no obstante, se trata de un problema de atención. No pueden dirigir la vista hacia esa mitad del espacio porque no atienden a ella, no consideran que haya tal espacio. Como vemos, este trastorno provoca enormes dificultades en la vida diaria de estos pacientes, que juegan con la mitad del mundo real.

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¿Qué es el burnout? Causas, síntomas y recomendaciones

El burnout es un tipo de estrés laboral caracterizado por el agotamiento físico, mental y emocional del trabajador. También se le conoce como desgaste profesional. Si bien son síntomas generados en el contexto laboral, acaban afectando a la persona en su totalidad y en todas las esferas de su vida, de ahí la importancia de intervenir de manera temprana en la reducción de sus síntomas.

Factores facilitadores (Forbes Álvarez, 2011):

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  • Trabajos que implican una relación directa con personas.
  • Horarios excesivos de trabajo.
  • Altos niveles de exigencia o demandas excesivas.
  • Poca valoración por parte de los superiores.
  • Falta de seguridad laboral e incertidumbre.
  • Alta sobreimplicación con el puesto.
  • Falta de recursos para la correcta realización del trabajo.
  • Incongruencia entre los valores de la empresa y los del trabajador.
  • Comparación con los compañeros.
  • Expectativas no cumplidas en relación al puesto o crecimiento profesional.
  • Remuneración desajustada al trabajo realizado.
  • Bajos niveles de desafío, autonomía, control y retroalimentación sobre los resultados.
  • Bajo apoyo social de los compañeros.
  • Normas muy rígidas.
  • Ambigüedad de rol. Falta de definición del puesto.
  • Conflictos de rol. Exigencia de tareas no relativas al puesto.

Síntomas y consecuencias asociadas (Moreno Jiménez, González y Garrosa, 2001):

  • Emocionales: estado de ánimo bajo, ansiedad, cansancio, indefensión o sentimiento de falta de control, desesperanza, irritación, apatía, pesimismo, hostilidad, falta de tolerancia a la frustración, sentimientos negativos hacia los clientes/consumidores/pacientes y/o supresión emocional.
  • Cognitivos: pérdida de ilusión por el trabajo, desaparición de expectativas, falta de realización profesional, alteración del autoconcepto, desorientación, pérdida de compromiso laboral, pérdida de creatividad, criticismo generalizado y/o facilidad para la distracción.
  • Conductuales: evitación de responsabilidades, pérdida de rendimiento, absentismo, conductas inapropiadas, desorganización, sobreimplicación, aumento del consumo de estimulantes o medicación para reducir dichos síntomas.
  • Sociales: evitación de contactos sociales, conflictos interpersonales y aislamiento.

Recomendaciones:

Recordamos que se trata de recomendaciones genéricas, no individuales a un caso concreto. Recomendamos consultar con un Psicólogo si presentas estos síntomas de manera frecuente y/o intensa o si afectan de manera importante a tu día a día.

  • Gestiona y respeta tu tiempo de descanso. Muchas veces seguimos trabajando fuera de nuestro horario de trabajo. Aquí es importante aprender a manejar los pensamientos que nos hacen seguir conectados a él. Cuando hablamos del trabajo, aunque sea para desahogarnos, seguimos estando fijados a él.
  • Implícate en actividades que te permitan disfrutar y volcar el estrés de una manera funcional.
  • Cuida tu alimentación y ciclos del sueño.
  • Desarrolla estrategias de autorregulación y conciencia plena para, respectivamente, reducir la ansiedad o estar en el momento presente, y por tanto, no estar siempre con la atención puesta en el trabajo.
  • Mejora tus habilidades sociales, poniendo límites en el trabajo, para dejar de asumir tareas que no te corresponden o negociar aquellos aspectos que te suponen malestar.
  • Ajusta tus expectativas, haciéndolas realistas.
  • Evalúa tus opciones profesionales y la posibilidad de un cambio.

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Referencias

Forbes Álvarez, R. (2011). El síndrome del burnout: síntomas, causas y medidas de atención en la empresa. Éxito empresarial, 160.

Moreno Jiménez, B., González, J.L. y Garrosa, E. (2001). Desgaste profesional (burnout). Personalidad y salud percibida. En J. Buendía y F. Ramos (Eds). Empleo, estrés y salud. Madrid: Pirámide (2001).

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5 Claves para realizar críticas de forma adecuada

¿Alguna vez has hecho una crítica y no es que no  te haya servido para absolutamente nada sino que has salido escaldado de ‘tu buena acción’? ¿Te cuesta realizar críticas a otras personas porque o bien te inhibes y no dices nada por miedo o bien pareces agresivo?

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En el último post te hablé de cómo recibir críticas de una manera adecuada… hoy en cambio, te voy a pedir que te pongas en el otro lado: cómo realizar críticas de una forma asertiva, en la que puedas sentir que has actuado correctamente y aumentar la probabilidad de que sea efectiva, ya que muchas veces creemos que con nuestras palabras vamos a lograr un efecto y en realidad generamos el efecto contrario.

En lo primero que quiero que reflexiones es acerca de en qué momentos es correcto hacer esa crítica. Para ello yo me baso en los 3 filtros de Sócrates. Su primer filtro es la VERDAD, asegúrate de que es cierto eso que vas a decir. El segundo, la BONDAD, ¿Es bueno para la persona? ¿Le va ayudar para su desarrollo y mejoría? Y por último, la NECESIDAD, ¿Es necesario realizar esa crítica?

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Si tu crítica pasa por estos tres filtros, entonces ¡Adelante!

Ahora vamos a ver la parte del cómo. Muchas veces nos centramos en qué decir pero no en cómo decirlo, cuando esta segunda parte es incluso más importante que la primera. A continuación te enseño cinco claves para realizar una crítica de forma adecuada:

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1. Atribuir al hacer en lugar de al ser. “No vales” “Eres inadecuado” “Eres malo” “Eres lento” son ejemplos de atribuciones al ser, a la persona. Lo ideal es evitar este tipo de atribuciones ya que ofrecen una etiqueta, y una vez tenemos esa etiqueta encima es muy difícil deshacernos de ella. Nos la acabamos creyendo y esto puede resultar peligroso: Como yo soy así, no voy a poder cambiar. Incitan a la paralización en lugar de al desarrollo. Por ello os propongo atribuir al hacer, “Has hecho esto esto mal, pero eso no significa que no valgas para ello”.

2. Referirse a hechos puntuales en lugar de a hechos generales. En lugar de realizar críticas generales, como por ejemplo tienes que mejorar la comunicación o tu comportamiento es inadecuado… Trata de concretar, no te quedes en la superficie, “Podrías mejorar el tono de voz cuando te comunicas ya que casi no se te escucha, trata de hablar más alto”, “Cuando se dirigen a ti, lo ideal es que mires a la persona que te está hablando y le respondas”. Muchas veces nos quedamos en la crítica de “esto está mal” pero no concretamos qué es eso que está mal ni ofrecemos alternativas de respuesta.

3. Hacer ver el error como oportunidad para aprender. A veces, la otra persona que recibe a crítica puede tomárselo como un fracaso, y cuando esto ocurre hay mayor probabilidad de que se paralice y no genere alternativas de respuesta, por ello es importante al realizar la crítica que la otra persona pueda ver que los errores forman parte de la vida, que todos los cometemos y que están para aprender de ellos y ser mejores cada día.  Por ejemplo, si queremos criticar que nos han hablado de forma inadecuada, con un tono despectivo, hacer ver a la persona que puede aprender de ello para la siguiente ocasión.

4. Motivar al cambio. Ya que si realizamos una crítica es para lograr un efecto en la otra persona que le permita evolucionar, por ello es importante este punto. Por ejemplo, si estáis recomendando a una persona querida poner límites en su relación de pareja, trata de animarla y de hacerle ver que esto lo puede cambiar y aprender. Una forma de animar al cambio es recordando en qué otras ocasiones ha podido superar algo similar o parecido.

5. Enseñar la diferencia entre culpa y responsabilidad. Cuando realizamos una crítica no estamos buscando culpables, la culpa es pasiva y lleva a tristeza ¡, frustración y paralización. Estamos buscando responsables, la responsabilidad es activa y está asociada con estados de ánimo más positivos. Lo adecuado sería decir:  ”tú eres el responsable de que esto cambie”.

Espero que os sean de utilidad estas claves, ahora ¡A ponerlas en práctica!

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Respeto ante todo

Cuando somos niños, todo lo que nos pasa es nuevo, las situaciones, los conflictos, los problemas. No sabemos cómo comportarnos porque todavía no lo hemos aprendido y necesitamos alguien que nos enseñe y anime a experimentar por nosotros mismos las respuestas que emitimos y las consecuencias que esto tienen en los demás. Es por esto que el aprendizaje por imitación es tan importante, y por descontado realizar un buen modelado, es decir, exponer a los niños a buenos modelos de conducta. Para ellos, igual que para nosotros en nuestro momento, los adultos son modelos de conducta que les dice lo que está bien y lo que no está bien hacer.

Para que un niño aprenda un comportamiento no solo tiene que verlo una vez en una sola persona, sino que lo aprende de múltiples ejemplos diferentes hasta que se atreve a realizar la conducta por si mismo. El problema es que es imposible aislar a un niño de otros entornos que no sean los que controlamos, por lo que no solo lo ve en su entorno ejemplos de comportamiento, sino que están expuestos a múltiples estímulos, ya sea en el colegio, en la televisión, en Internet, en redes sociales, y no todos tienen por qué ser buenos.

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Qué duda cabe que el deporte es o debería ser una gran fuente de aprendizaje muy importante en la educación de nuestros hijos ya que enseña valores como la superación, la deportividad, el pensamiento en equipo, saber ganar y perder, saber competir y por supuesto, amor por el deporte en sí mismo. Todo esto visto desde la perspectiva de un niño, supone una riqueza enorme, además de una buena oportunidad de diversión.  Además, en el mundo del deporte nos encontramos múltiples modelos de deportistas que los niños siguen con interés y devoción. Muchos son buenos modelos, profesionales de su ámbito que se comportan de modo deportivo y ejemplarmente, pero también los hay que no son de este modo y es por esto que hay que tener cuidado.

Si nos centramos en el fútbol dada la gran influencia que este deporte tiene en los niños, tras un poco de reflexión, podemos darnos cuenta de que es uno de los pocos deportes en los que parece que se puede increpar al árbitro sin consecuencias demasiado graves. El público grita improperios a los jugadores contrarios, los entrenadores dicen palabras malsonantes sin parar o los jugadores se insultan entre ellos a la menor oportunidad. Es una fuente de violencia constante a la que exponemos a nuestros hijos casi cada fin de semana.

 

Los niños ven en la televisión cómo un jugador de fútbol increpa al árbitro o se enfrenta a un contrario por motivos del todo antideportivos, y los adultos que estamos al lado del niño muchas veces alimentamos y fomentamos este tipo de comportamientos. Además, no solo lo ve en la televisión sino que en sus partidos de los fines de semana se encuentra padres que gritan al árbitro, al entrenador, a los contrarios, por lo que aprenden que este tipo de comportamientos son los adecuados para el entorno en el que están. El niño ve estos episodios e imita a sus ídolos durante sus propias competiciones. Los adultos, lejos de corregir el comportamiento lo fomentan riendo la gracia, increpando al árbitro o azuzando al propio niño para que se comporte de un modo violento.

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Aprenden que para ganar hay que jugar duro y que si el árbitro se equivoca o no pita lo que se quiere, se le puede insultar y faltar al respeto. Entonces ocurre que esta actividad que debería suponer una fuente de diversión y aprendizaje, se convierte en fuente de violencia y malos modales que se acaban exportando a otras áreas de su vida.

Los padres tienen una función muy importante en para hacer frente a esta situación cada vez más preocupante, ya que pueden, a través de su comportamiento modélico en estas situaciones enseñar a los niños a respetar a los demás, y sobre todo respetarse a si mismos con sus fallos y virtudes. Cuando los niños están jugando, los padres tienen que animar, nada más. No ganamos nada recordando al árbitro que se ha equivocado o llamando malo al entrenador, pero si, respetando las decisiones de quien está dirigiendo el encuentro y animando de un modo positivo a nuestros pequeños.

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¡Por un deporte sin violencia! Está en nuestras manos

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Duelo infantil: fases y síntomas

1470994306En el post de hoy vamos a repasar las características del duelo infantil, similares a las que encontramos en el adulto, pero con las peculiaridades propias de la edad. Igualmente explicaremos los indicadores que tenemos que tener en cuenta a la hora de identificar un posible duelo patológico y la necesidad, por tanto, de consultar con un especialista. Completaremos el post con un vídeo en nuestro canal de YouTube sobre Cómo hablar de la muerte con nuestros hijos.

Fases del duelo:

  1. Entumecimiento o shock: fase intensa de desesperación, caracterizada por aturdimiento, negación y cólera. Puede durar un momento o varios días. Se puede volver a esta fase varias veces a lo largo del proceso.
  2. Fase de anhelo y búsqueda: período de intensa añoranza y de búsqueda de la persona fallecida, caracterizada por inquietud física y pensamientos recurrentes sobre el fallecido. Puede durar varios meses e incluso años de una forma atenuada.
  3. Fase de desorganización y desesperanza: la realidad de la pérdida comienza a establecerse. La persona puede mostrarse apática e indiferente, con recuerdos frecuentes del fallecido. Aparece una sintomatología similar al estado de ánimo bajo.
  4. Fase de reorganización: comienzan a remitir los aspectos más dolorosamente agudos del duelo y el individuo empieza a experimentar la sensación de reincorporarse a la vida, la persona fallecida se recuerda ahora con una sensación combinada de alegría y tristeza y se internaliza la imagen de la persona perdida.

Conductas y emociones que pueden aparecer durante el duelo:

  • Negación. Su manera de expresarla es mostrándose agresivo o más contento y juguetón que de costumbre.
  • Idealización. Ésta le permite mantener una relación imaginaria con la persona perdida.
  • Puede creer que él ocasionó la muerte.
  • Miedo y vulnerabilidad. Intenta ocultar sus sentimientos, sobre todo a los niños de su edad, porque no quiere que sus amigos o compañeros de la escuela lo perciban diferente.
  • Ocuparse de los demás. Asumir el lugar del fallecido.

Cuándo sospechar de un duelo patológico:

Sintomatología presente aún seis meses después del deceso:

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  • Cambios significativos en el rendimiento escolar.
  • Retraerse durante largos períodos de tiempo.
  • Expectativas negativas sobre el futuro.
  • Pesadillas frecuentes y/o problemas de sueño.
  • Apatía y falta de interés por estar con sus amigos.
  • Cambios extremos de conducta.
  • Esperanza crónica de que la persona fallecida volverá en algún momento de su vida.
  • Puedes encontrar al pequeño buscando a la persona fallecida, hablando con él o bien imaginando que vive con él por las noches y que juegan juntos. Inclusive puede manifestar que lo ve.
  • Temor profundo y crónico de perder al otro progenitor u otra persona de su círculo íntimo.
  • Necesidad de permanecer con las personas sobrevivientes por temor a nuevas pérdidas e imitación excesiva de la persona fallecida.
  • Importante deterioro de la vida social, académica u otras actividades significativas de la persona en duelo
  • En menores de 3 años: pérdida de peso significativa, se vuelve inconsolable, muestra apatía o no recupera el patrón de sueño.

 

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CÓMO AFRONTAR CRÍTICAS

“Un padre acompañado de su hijo de corta edad y su burro, tenían que cruzar semanalmente la plaza principal de un pueblo para dirigirse a realizar unos trabajos en una aldea un tanto distante. Un buen día, el niño iba montado en el burro y el padre caminando cerca del mismo pasaban por la plaza del pueblo, un tanto concurrida de vecinos, – como era habitual -, que miraban con curiosidad la escena que se presentaba ante sus ojos. Una vez rebasada la plaza principal, los vecinos comenzaron a criticar ácidamente: “Será posible? ¡el niño, fuerte y robusto sobre el burro, y el pobre padre un tanto mayor y achacoso caminando! ¡ Qué poca verguenza!

 Habiendo llegado estos comentarios a oídos de este hombre, la siguiente semana, era él mismo el que iba sobre el burro y el niño caminando, azuzando al animal. Los vecinos del pueblo al ver esto, arremetieron con sus críticas hacia el padre: “Qué poca verguenza! ¡ el pobre crio caminando y él tan contento sobre el burro! ¡qué padre más despiadado!

Con el fin de no recibir tantas críticas, a la semana siguiente, pasan delante de los vecinos del pueblo, tanto el padre como el hijo montados en el burro; al ver esto, aquellos que estaban sentados en la plaza muestran abiertamente sus críticas: “Cómo es posible que tengan tan poca consideración por el animal.¡los dos, sentado tranquilamente y el pobre animal, derrengado, llevándolos sobre su lomo!”

 Al pasar el tiempo, y tener una vez más que pasar por el pueblo, y evitar de una vez por todas, todo tipo de crítica, el padre y el hijo van caminando, llevando al burro atado con una cuerda. Al ver esto, los vecinos del pueblo, no pueden dejar de exclamar: “¡ Serán estúpidos!, para qué quieren el burro, los dos caminando y el burro moviéndose a sus anchas; qué poco cerebro tienen!”

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Es imposible satisfacer a todos en todo momento. Tarde o temprano, algún tipo de crítica recaerá sobre nuestras espaldas y los encargados de afrontarla de una manera adecuada somos nosotros mismos.

Siendo francos, a nadie le gusta ser criticado, por ello es una habilidad ser capaz de responder de una forma asertiva a las mismas, de manera que nuestra autestima o autoimagen personal no se vean dañadas.

Lo primero que tenemos que hacer al ver que nos están criticando es valorar si la crítica es constructiva o destructiva:

 

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La crítica destructiva tiende a etiquetar y se focaliza en la persona, generaliza, en ocasiones tiene por objetivo dañar a la persona que la recibe, es subjetiva y no ofrece ninguna alternativa de mejora o evolución personal. Por ejemplo: “eres tonto” o “eres incompetente”.

Cuando nos hagan una crítica destructiva, tenemos que tener claro que lo que estamos recibiendo no se corresponde con la realidad y que somos nosotros quienes decidimos con qué mensajes nos quedamos y con cuáles no. En estos momentos es normal sentir ira o frustración pero sobre todo es importante tratar de mantener la calma, darnos tiempo para responder si lo necesitamos y no entrar en el mismo juego de la persona que nos está criticando. Tener claros nuestros valores como personas ayudan a lograr esto que te cuento. Responde esta pregunta ¿Cómo me quiero comportar con otras personas? ¿Quiero ser del tipo de persona que aporta o que resta? Tener en la mente que quieres aportar en lugar de restar te ayudará a no contestar con otra crítica destructiva.

En cuanto a la respuesta que debamos dar en ese momento depende de quién sea nuestro interlocutor y la situación en la que se de. A veces no merecerá la pena responder, otras con un “no me parece adecuado ese comentario” puede valer, recuerda que tienes derecho a no dar explicaciones. Otras estrategias pueden ser recurrir a la ironía “gracias por tu aportación” o a pedir un cambio de conducta “te agradecería que no me hablaras de esa forma”.

Por otro lado, la crítica constructiva es concreta, se centra en las acciones en lugar de en la persona, es objetiva y sirve de ayuda para poder cambiar a mejor o evolucionar a nivel personal. Por ejemplo: “Al hablar en público trata de mirar a la cara de tus interlocutores en lugar de al suelo para conseguir su atención”.

Cuando recibamos una crítica constructiva, aunque en un primer momento pueda no gustarnos, debemos escucharla y abrir la mente, ya que todo lo que nos aporta es positivo y suma.

En este caso, la mejor respuesta es desde la humildad y aceptación “tienes razón, la próxima vez lo tendré en cuenta”. Hay algo fundamental en la vida, y es no mantenerse en la creencia de que lo sabemos todo, en ese momento cerramos las puertas al aprendizaje y todos podemos siempre mejorar.

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