¿Qué es el refuerzo positivo?

Desde hace unos años este término se viene utilizando mucho en la crianza de nuestros hijos, pero también desde hace el mismo tiempo los profesionales observamos que no siempre se conoce realmente su significado y, por tanto, su empleo no es tan eficaz como debiera.

De manera sencilla, es importante que veamos la diferencia entre refuerzo y castigo, ambos términos se refieren a dos formas diferentes de aprender y, por lo tanto, no tienen por qué ser equivalentes a los que usamos en nuestra cotidianidad.

El refuerzo es aquel estímulo (actividad, situación, objeto…) que aumenta la probabilidad de que una conducta se produzca en el futuro. Es decir, si dejamos que nuestro hijo pueda ver la televisión (refuerzo) si hace sus deberes adecuadamente (conducta) estaríamos utilizando la televisión como refuerzo pero, solo si realmente hace sus deberes adecuadamente en esa y futuras ocasiones podríamos decir que la televisión funciona como refuerzo, si no es así, y aún con esa expectativa, seguimos teniendo la misma lucha con nuestro hijo para que se ponga a hacer los deberes, “ver la televisión después” no estaría funcionando como refuerzo. Esto es importante, no todas las consecuencias, aparentemente agradables, funcionan como refuerzo para todas las personas. Por tanto tenemos que buscar las que lo son para una persona dada. Otro aspecto importante, del que muchas veces pecamos los padres, es el de dar el “refuerzo” antes de la conducta que queremos conseguir. Si yo dejo que mi hijo vea la televisión antes de hacer los deberes no es un refuerzo en términos de aprendizaje y también os digo que no suele funcionar, los refuerzos vienen siempre tras el esfuerzo.

En la misma línea, un castigo es aquel estímulo que reduce la probabilidad de una conducta. Al igual que el refuerzo, tenemos que buscar el adecuado para la persona y emitirlo después de la conducta. En post posteriores hablaremos de cómo establecer un castigo para que realmente sea eficaz, en este me conformo con que sepáis reconocer la diferencia entre este y el refuerzo y los diferentes tipos que veremos a continuación. Por lo tanto, un castigo no es tal si, tras varias aplicaciones, no reduce la conducta pretendida. Por ejemplo, nuestro hijo está acostumbrado a jugar a la consola después de hacer los deberes, pero como últimamente trae malas notas, le decimos que si no estudia no podrá jugar. A pesar de ello, cuando le toca estudiar, no lo hace, y se queda sin consola. Lo hacemos varios días y seguimos igual,  ¿qué ocurre? quizás no sea una consecuencia suficientemente importante para él, quizás sea porque aunque no tenga la consola tiene otras cosas que la sustituyen… Que os quiero decir con esto, que hay ocasiones en las que, si yo puedo obtener algo que quiero, aunque me quiten otras cosas que también me gustan, lo primero realmente no será un castigo para mí.

Una vez sabemos la diferencia entre refuerzo y castigo tenemos que ir un paso más allá. ¿Cuál es la diferencia entre refuerzo positivo y refuerzo negativo? ¿y entre castigo positivo y castigo negativo? Veámoslo de manera fácil.

El acompañante “positivo” y “negativo”, con independencia de si son refuerzos o castigos, es lo mismo que “dar” y “quitar” respectivamente. Acordémonos que para que un refuerzo o un castigo lo sean tal, han de suponer el cambio deseado en la conducta (aumento o disminución respectivamente), lo mismo sucede para valorar si realmente son positivos o negativos. Veamos unos ejemplos:

–        Refuerzo positivo: doy (+) un estímulo con la intención de aumentar (refuerzo) una conducta. Evidentemente, si pretendo aumentarla, tendrá que ser un estímulo agradable para el otro. Ejemplo: doy una chuche a mis pacientes peques si han cumplido las normas de la sesión.

–        Refuerzo negativo: quito (-) un estímulo con la intención de aumentar (refuerzo) una conducta. Al igual que en el caso anterior, si lo que quiero es aumentar un comportamiento, el estímulo que quito deberá ser desagradable o tedioso. Ejemplo: si mi hijo hace los deberes sin que yo tenga que recordárselo, ese día no tendrá que bajar la basura.

–        Castigo positivo: doy (+) un estímulo con la intención de reducir (castigo) una conducta. Lo que tengo que dar, si pretendo reducir un comportamiento, será algo desagradable. Aquí estaría el famoso “azote a tiempo” o la reprimenda. No vamos a hablar aquí de la eficacia real de ambos, pero sí nos sirven para explicar este concepto.

–        Castigo negativo: quito (-) un estímulo con la intención de reducir (castigo) una conducta. Lo que quitaré será algo agradable. Por ejemplo, no tener la tablet durante el fin de semana si suspendo un examen.

Como comenzábamos diciendo, los términos de refuerzo y castigo hacen referencia a formas de aprendizaje por lo que, bien utilizados, consiguen cambios importantes en nuestra conducta y en la de quienes nos rodean.  De la misma manera, podemos encontrar que una conducta indeseada, sin quererlo, la estamos reforzando y, por tanto, manteniendo. En el sentido contrario, puedo agradecer mucho un comportamiento pero hacer que vaya desapareciendo porque, o bien no lo estoy reforzando, o incluso lo estoy castigando.

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NUESTRO CUERPO NOS HABLA

En esta entrada me gustaría hablar de una cuestión importante a lo que debemos estar atentos ya que muchos no estamos del todo familiarizados con la psicosomática. 

A lo largo de los últimos años se le ha ido dando mayor importancia y se han realizado infinidad de estudios al respecto.

¿A qué nos estamos refiriendo? 

La palabra psicosomática viene de mente (psique) y cuerpo (soma). Esto significa que nuestra mente y nuestro cuerpo están conectados y en constante comunicación. Mente y cuerpo son uno. 

La somatización es la manifestación corporal del estrés psicológico que padecen muchas personas.

Las emociones se expresan a través del cuerpo y en muchas ocasiones no nos encontramos bien, nos duele la cabeza, la tripa, tenemos problemas de piel, etc. En ocasiones estos síntomas no se explican por una enfermedad médica, las emociones repercuten en nuestro cuerpo y las preocupaciones se manifiestan de esta manera.

Nuestras formas de afrontamiento, las herramientas adquiridas a lo largo de nuestra vida y el apoyo social pueden ser grandes aliados a la hora de vernos afectados por los síntomas somáticos. 

No debemos olvidar la etiología de la enfermedad, es decir, cual es su origen. Lo más común es que entren en juego muchos factores: genéticos, socioculturales, familiares, emocionales y cognitivos que interactúan en la aparición del síntoma somático.

¿Por qué podemos ponernos enfermos si no tenemos bienestar psicológico? Las emociones afectan a nuestro sistema inmunológico, por lo tanto, si no nos encontramos bien a nivel psicológico nuestras defensas disminuyen y somos más propensos a ponernos enfermos. Se han realizado muchos estudios en este campo y se ha llegado a la conclusión de que el estrés altera el sistema inmunológico y tiene el poder de debilitarlo. 

Cuando nos sentimos estresados nuestro cuerpo se activa y da una señal de alarma, en ese momento nuestro cuerpo libera hormonas como la adrenalina y el cortisol que bloquean el sistema inmunológico haciéndonos más susceptibles a bacterias, virus e infecciones. 

Además, los problemas psicológicos no solo facilitan la aparición de dolencias físicas sino que también hacen que éstas se mantengan o intensifiquen. 

Se calcula que el 25% de las consultas médicas son síntomas psicosomáticos que los pacientes presentan y que los síntomas físicos más frecuentes son los problemas digestivos y cutáneos. Muchas de las personas que acuden a la consulta de un médico no creen tener un problema psicológico o emocional y no encuentran una solución a su malestar. 

¿Por qué es importante saber esto? 

Los síntomas somáticos se ven influenciados en su totalidad por factores psicológicos. 

Cada persona somatiza de una forma diferente y hoy en día el estrés y la ansiedad repercuten cada vez más en nuestra salud física. De ahí la importancia de saber escuchar a nuestro cuerpo, entender lo que nos está pidiendo en ese momento y reconocer esa “alarma”. Saber cuál es la causa de nuestro malestar es fundamental para recuperarnos y prevenir el malestar derivado del mismo.  

¿Qué hacer cuando se presentan estos síntomas?

Lo primero de todo escucharnos y hacer introspección. ¿Estoy nervioso por algo? ¿Qué es lo que me inquieta y preocupa? ¿Estoy llevando a cabo lo que quiero en mi vida? ¿Soy feliz con lo que tengo? ¿Me conozco? ¿Me acepto? Una vez hayamos identificado lo que nos ocurre es muy importante trabajar en la expresión emocional. Hablar con las personas cercanas a nosotros favorece que se canalicen nuestras emociones, facilita el desahogo, el sentirnos escuchados y relativizar muchos pensamientos negativos hacia nosotros mismos que pueden estar haciéndonos daño y alimentando ese malestar psicológico que sentimos. 

Muchas veces nos creemos autosuficientes y capaces de superar todo tipo de dificultades por nosotros mismos. Por su puesto que somos capaces de sobreponernos y de superarnos, pero en ocasiones necesitamos ayuda externa para apoyarnos y darnos cuenta de la realidad de una forma objetiva. 

Pedir ayuda es un acto de humildad y de valentía que nos debemos en los momentos en los que no nos sentimos capaces de seguir. Pedir ayuda significa también que nos queremos cuidar y que nos importa nuestro bienestar. 

¡Escúchate, conócete y cuídate!

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NECESIDADES DE NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES

Los alumnos con altas capacidades son niños que tienen una inteligencia superior a la media. Son personas muy creativas y motivadas por aprender cosas nuevas y por lo que les gusta. Constituyen entre el 15 y el 20% de la población. Dentro de éstos están los niños superdotados, que representan entre el 1 y 2% del alumnado de altas capacidades y que tienen una inteligencia muy superior a la media en relación a su grupo de edad.

El hecho de tener altas capacidades intelectuales implica una serie de necesidades que habrá que cubrir en diferentes esferas:

  • Necesidades emocionales y familiares: muchos de estos niños son extremadamente sensibles, parecen tomarse todo a pecho y se pueden sentir muy alterados por cualquier cosa. Es necesario ayudarles a lidiar con las emociones intensas. Para ello se deben tomar muy en serio sus emociones, aun sabiendo que son demasiado sensibles. La familia tiene que favorecer el desarrollo emocional y la autoestima, el desarrollo de la personalidad y cuidar para que no haya un desajuste emocional. Siempre desde la comunicación, la cooperación y la confianza.
  • Necesidades sociales: el hecho de que posean un mayor nivel intelectual hace que puedan aburrirse con los niños de su edad, que éstos los vean como niños raros, etc. Además, estos niños tienen mucha necesidad de control y liderazgo, lo que les puede llevar a tener problemas también en este aspecto, con niños de su entorno. Para ello, es necesario ayudarles a entender y suavizar estos comportamientos tan polarizados y que así se integren de la mejor forma con sus compañeros, explotando a su vez, esas grandes capacidades intelectuales.
  • Necesidades escolares: estos niños suelen distraerse mucho en clase, incluso llegando a molestar a los compañeros. ¿Por qué? Por mero aburrimiento. Al no tener un adecuado nivel de exigencia la motivación baja. Es por esto que en muchas ocasiones se diagnostican erróneamente como TDAH o trastorno de conducta. Se recomiendan muchas formas para que estos niños desarrollen lo mejor posible su inteligencia. Algunas de estas formas son el adelantamiento de curso, los agrupamientos de niños con altas capacidades o el enriquecimiento. Esta última es una estrategia de atención basada en la elaboración de programas educativos adecuados a las características y necesidades de estos alumnos.

FALSOS MITOS:

  • Los niños con altas capacidades sacan buenas notas en todo: “altas capacidades” no significa en ningún caso que aprendan solos ni que sean brillantes en todas las asignaturas, pues, como decía, dependerá mucho de la motivación, por ello es necesario acompañarlos en el proceso de aprendizaje.
  • Los programas para altas capacidades son elitistas y atentan contra el principio de igualdad: el objetivo de la educación es el pleno desarrollo de las potencialidades de cada alumno, por lo que se debe respetar el derecho individual a ser educado conforme a las peculiaridades. Estos niños deben tener el mismo derecho que los demás a lograr su pleno desarrollo personal y social. No es elitismo, es equidad.

En muchas ocasiones, tanto papás como profesionales, tendemos a centrar nuestra atención y apoyo en aquellos niños que visiblemente tienen mayor dificultad. Ya sea por la etiqueta diagnóstica que presentan o porque no alcanzan el objetivo académico que debieran. No obstante, tal y como vemos a lo largo de el presente artículo, los niños con altas capacidades, aunque pudiera parecer que no, también presentan diferentes necesidades sociales, académicas y afectivas que deben ser cuidadas.

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Nuevas rutinas, viejas costumbres

Para muchos el inicio del año no es el que realmente marca el calendario sino cuando comienza el curso, es decir, septiembre. Este mes, puede ser para muchos odiado, para otros temido, pero para los que les gusta lo que hacen, emocionante.

Es emocionante por la multitud de nuevas oportunidades que se nos presentan por delante. Nuevos cursos, nuevos empleos, nuevas actividades, aficiones, deportes, etc. En septiembre todo es nuevo, pero nosotros lo teñimos de gris con nuestras viejas costumbres. La vieja costumbre de hablar durante todo el mes anterior de lo poco que nos apetece volver al trabajo, de lo que vamos a dejar de hacer porque tenemos que trabajar, o de lo odiosos que son los lunes.

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Sin embargo, como todo lo que se ha estado explicando a lo largo de los múltiples artículos de nuestro blog, todo depende de la actitud. Depende de nosotros enfrentarnos a septiembre como el enorme ogro que nos va a quitar el sol, la playa y el no hacer nada, o verlo con los ojos de quien quiere hacer un cambio en su vida, de quien quiere avanzar y pensar “este año voy a conseguir lo que me proponga, y si no, me propondré otras cosas más emocionantes todavía”.

Es por eso que tenemos la capacidad de elegir si queremos sufrir viendo cómo se van nuestros días de verano y comienza lo de siempre o por el contrario, nos enfrentamos a lo de siempre con otras herramientas para convertir el año en algo único que merece la pena aprovechar. Hacer cada día interesante es más fácil de lo que parece.

Para empezar, intenta dedicarte tiempo a ti, a hacer algo que te guste, a aprender una nueva afición, algún deporte que te motive o te haga sentir bien. No te quedes en casa descansando pensando en lo horrible que va a ser mañana en el trabajo. Desconecta conectando con eso que te apetece hacer, a pesar de que mañana tengas que ir a trabajar.

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Además, nadie dice que no puedas seguir disfrutando de tu vida social durante estos meses de trabajo. Dedica tiempo a ver a tus amigos y familiares, haz un hueco en tu agenda para ir a visitar a esa persona que hace tiempo que no ves, o a ese familiar con el que hace meses que no hablas.

Sal con tu pareja a cenar y haz cada día especial. No tiene que ser verano para dar un homenaje a vuestra relación. Aprovechad un rato a solas para hablar de vuestras cosas o contaros los cotilleos del trabajo.

Si nos proponemos hacer un cambio de este tipo, podemos conseguir que septiembre sea un mes de novedades, de cambiar lo que no nos gusta por oportunidades y nuevas experiencias que no se vean teñidas por las viejas costumbres de volver a caer en la misma rutina.

Haz todo lo que quieras, sueña a lo grande y nunca te dejes atrapar por los pensamientos que quieren hacer que no disfrutes cada día al máximo. Habrá días buenos y malos, pero nuestra actitud marcará la diferencia entre un día malo y una semana, mes y año malos.

FELIZ MES DE SEPTIEMBRE, DE NUEVOS PROYECTOS Y RETOS.

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Lenguaje positivo: ¿Cómo hablar para que tu hijo te escuche?

Tienes el cuarto hecho una pocilga, llevas sin leer un libro años o  no estás estudiando nada para el examen son frases que seguro que hemos utilizado más de una vez al hablar con nuestros hijos. Si nos fijamos en el lenguaje que utilizamos, nos sorprenderemos de la cantidad de frases, en negativo, que utilizamos al hablar con ellos. Con lenguaje positivo no me refiero a halagarles continuamente o a utilizar cualquier otro tipo de refuerzos verbales, me refiero a construir frases en afirmativo. ¿Por qué es tan importante?

 

  1. En el cerebro no existen los negativos. Si te digo que no pienses en un elefante rosa lo primero que vas a hacer es imaginarte al dichoso elefante y, luego, intentarás borrarlo. Sin embargo, si te digo que te imagines cualquier otro animal imposible, sin mencionar ningún elefante rosa, será más fácil que acabes haciendo lo que quiero. Por eso, si en lugar de decirle a nuestro hijo que su habitación está más sucia que la de los propios cerdos, le pedimos que la coloque, tendremos más posibilidades de que lo acabe haciendo. Si además somos concretos sobre qué o cómo queremos que ordene o, si con decírselo una vez no es suficiente, anticipamos consecuencias, positivas o negativas, la petición será aún más efectiva.
  2. Una crítica no es una petición. Quejarnos porque nuestro hijo no lee puede parecer que es lo mismo que pedirle que lea, pero no lo es. Es importante que seamos explícitos y que, en lugar de lanzar quejas o comentarios destructivos, pidamos las cosas, así el otro sabe qué es lo que queremos.
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    Las prohibiciones y negaciones pueden favorecer las conductas desafiantes. ¿No te has preguntado por qué cuando le decimos a nuestro hijo que no haga tal cosa muchas veces acaba haciéndola? Uno de los bienes más preciados de los humanos es la libertad y si, por cualquier motivo, la vemos amenaza, es fácil que nos apresuremos a reivindicarla. Por eso es tan frecuente que tras una prohibición vaya una transgresión de la misma. En lugar de decir no vas a estar en la calle hasta las 00.00, podemos decir, me gustaría que estuvieras en casa a las 23.00 o puedes salir hasta las 23.00. 

Que utilicemos un lenguaje en positivo no significa que tengamos una disciplina más laxa o que pasemos por alto comportamientos negativos de nuestros hijos, significa que utilicemos el lenguaje para hacer más eficaz el planteamiento de las normas que intentamos que cumplan nuestros hijos.

Rescatando los ejemplos iniciales:

  • Tienes el cuarto como una pocilga –> Estamos haciendo un juicio de cómo deja sus cosas, por lo que es fácil que nos responda de manera negativa. No le estamos pidiendo nada, por lo que no le estamos dando una alternativa al comportamiento negativo que tiene, solo nos estamos quejando del mismo.
    • En positivo y explícito. Me gustaría que guardaras la ropa que tienes encima de la silla en el armario y llevaras la sucia al cesto.
  • Llevas sin leer un libro años –> Qué te parece si nos acercamos a la biblioteca y eliges un libro. Te puede ayudar a mejorar la ortografía y no perder puntos por ello en los exámenes.
  • No estás estudiando nada para el examen –> Creo que si repasas una hora al día irás al examen con más seguridad. Si necesitas que te ayude con algo podemos verlo juntos.  
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Cuidar el descanso: respuesta de salud

Hoy en día cada vez son más comunes los problemas para descansar de forma adecuada: dormimos pocas horas, nos cuesta conciliar el sueño y a lo largo del día nos sentimos fatigados. Estos problemas vienen derivados de la vida agitada que llevamos y de los malos hábitos que hemos ido adquiriendo a lo largo del tiempo.

Cada vez cuidamos más nuestra alimentación y en ocasiones se nos olvida cuidar esta parte tan fundamental de nuestro buen funcionamiento y rendimiento. Esta época del año es perfecta para proponernos retomar hábitos saludables y empezar de forma adecuada el curso que viene. En esta entrada vamos a repasar algunas de las claves fundamentales para lograr un buen descanso.

Evitar comer antes de dormir. No es la primera vez que escuchamos o leemos esta afirmación, pero cuando comemos, nuestro cuerpo se concentra en realizar la digestión y estas acciones del cuerpo nos impiden en muchas ocasiones relajarnos y conciliar el sueño.

No hacer ejercicio antes de acostarse. El ejercicio hace que aumente nuestro ritmo cardíaco y nos activa, por lo que resulta complicado dormir después. En cambio, el darse una ducha caliente hace que nuestro ritmo cardíaco disminuya y facilita la conciliación del sueño.

Deshacernos de los aparatos electrónicos. La luz de las pantallas activa la glándula que regula el ciclo del sueño, el efecto es parecido al que produce la luz natural, activa la melatonina y nos mantiene despiertos.

Oxigeno para dormir. Es importante que a la hora de acostarnos la habitación no esté cargada, ni con malos olores. La ventilación es fundamental para que el aire de la misma nos proporcione el oxigeno necesario para dormir toda la noche.

Cuidar los detalles para estar cómodos. El colchón en el que dormimos tiene que ser confortable, al igual que las sábanas y la almohada. La temperatura de la habitación no puede ser muy elevada ya que puede interrumpir nuestro sueño.

Establece un horario regular. Para cuidar el descanso es necesario levantarse y acostarse a horas parecidas. De esta manera, adquirimos un hábito y no nos resulta costoso conciliar el sueño, nuestro reloj vital estará acostumbrado. Se recomienda también seguir la luz del sol, es decir: levantarse a una hora parecida a la que sale y acostarse a una hora parecida a la que se pone en la medida de lo posible.

Evita las siestas largas. Las siestas alteran nuestro ciclo del sueño y por la noche nos cuesta dormir ya que nuestro cuerpo no está tan cansado como debería. Si vas a dormir una siesta intenta que no sea superior a 20 minutos.

Gastar nuestra energía a lo largo del día y hacer deporte. El día tiene muchas horas y nos permite hacer muchas cosas, mantenernos activos y haciendo deporte preferiblemente por la mañana nos activa y mantiene todo el día hasta la hora de acostarse.

No tomar café ni té después del medio día. La cafeína y la teína tienen un efecto excitante que en muchas ocasiones nos ayudan a mantenernos activos pero en otras pueden hacer que no consigamos dormir cuando queremos. Evítarlas por lo menos 8 horas antes de acostarnos para asegurarnos que sus efectos no nos perjudiquen.

Preocupaciones fuera. Evitar pensar en tareas pendientes y preocupaciones, conviene acostarse con la mente despejada, por lo tanto, debemos omitir los pensamientos negativos y preocupaciones que en ese momento favorecen la aparición del estrés. En cambio intentemos, antes de ir a dormir promover pensamientos positivos: cosas buenas que nos han pasado a lo largo del día, conversar con un ser querido, leer un libro entretenido, proponernos metas futuras..etc.

Es necesario aprender a cuidar de nosotros mismos para conseguir un equilibrio vital que nos permitirá dar el 100% a lo largo de nuestro día.

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Socialización en TEA

Una de las esferas que más debemos cuidar y mimar en niños con TEA es la social. Y una buena forma de potenciarla es, cómo no, exponiéndose. Pero acudir a eventos no siempre es fácil para ellos ni para los que los rodean. Veamos qué aspectos clave necesitamos tener en cuenta para un mayor disfrute de todos en este tipo de situaciones tales como cumpleaños, excursiones del cole, eventos familiares…

Anticipación y planificación: estos niños se estresan con facilidad ante cualquier tipo de imprevisto. Por lo que todo lo que se le pueda ir anticipando de lo que vaya a suceder le será de gran ayuda. Es decir, preparar para el cambio: es importante planificar sus actividades, pero que sepa que no están garantizadas. En ese caso es bueno ofrecerle una alternativa. Por ejemplo: “Miguel, esta mañana vamos a hacer tal actividad y la vamos a hacer así. Después tal otra y la haremos así. Es posible que no podamos hacerlo de este modo, no pasa nada. En caso de que no se pueda llevar a cabo haremos esta otra cosa”. En las actividades circulares, las que impliquen respetar turnos, es probable que surja el estrés o bien por no ser el primero, o por no poder intervenir cuando le apetezca. Ahí deberíamos anticipar que probablemente no seamos los primeros, o que no siempre podremos intervenir, pero que no pasa nada porque lo pasaremos genial igualmente cuando nos toque. Esto no es una solución universal, es decir, igualmente no le gustará la idea, pero le sentará mejor saberlo de antemano que tener en la cabeza que lo lógico es empezar él, llegar y que eso no suceda.

Es de gran ayuda incorporar sus preferencias: es decir, permitir que se lleve algún tipo de entretenimiento para los ratos muertos. En excursiones en las que dormimos fuera contarle el menú del día siguiente para que elija los platos que más le gusten, etc. El término “esperar” suele asociarse a “problemas potenciales”, por lo que el hecho de que pueda distraerse cuando no quede más remedio que soportar la incertidumbre, será bueno para él y para todos.

En las excursiones que comentábamos antes, cuando el peque pasa días fuera, es de gran ayuda que él lo vaya trabajando en sesión con su terapeuta hasta que llegue el día. Ayuda que se le proporcione al terapeuta un horario o esquema de las actividades y los días en los que se van a desarrollar, para poder prepararlas. Asimismo, es importante que exista una buena comunicación entre el terapeuta y el profesor o adulto que dirija la excursión. Las situaciones que más deben prepararse en sesión, así como aquellas que deben comentarse con el adulto son las de cambio imprevisto. Es decir, tener una alternativa a la huida inmediata en caso de estrés. Por ejemplo, acordar con el niño que, si se siente desbordado y siente la necesidad de huir para tranquilizarse, lo comentará con el adulto en cuestión y se apartará de la situación a un lugar donde él pueda verle, hasta que se calme. Es importante no concebir esto como un castigo, sino como una alternativa para calmarse y volver.

Estos niños están acostumbrados a ser el “niño problemático” por lo que todas las indicaciones o peticiones es mejor que se realicen desde la perspectiva de “lo bien que se lo va a pasar cuando hagamos esto” en lugar de “qué malo será si se porta de tal forma o tal otra”. Es decir, emplear un lenguaje positivo. Evidentemente cuando sea necesario reprenderle habrá que hacerlo.

La idea global que comparten todas estas pautas es el control el ambiente y el empleo de un lenguaje claro y positivo. El objetivo final, por supuesto, es el disfrute de todos, especialmente de nuestro pequeño 😉

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¿Tiene mi hijo/a adicción a las nuevas tecnologías?

Cada vez más nos llegan a consulta padres preocupados haciéndonos esta pregunta. En este post despejaremos las dudas acerca de los síntomas que son necesarios para poder hablar de un uso problemático así como rogamos encarecidamente no utilizar estos términos a la ligera. Para poder hablar de un diagnóstico siempre ha tenido que realizarlo un profesional de la Salud; que nos sintamos identificamos o veamos a nuestro hijo/a referido en estas u otras líneas, no significa nada sino va a acompañado de la valoración de un profesional. Este post sirve para hacernos ver la necesidad de consultar con un especialista si sentimos algún paralelismo con lo aquí recogido y la realidad, no para hacer una autoevaluación.

En la actualidad, los manuales diagnósticos más habitualmente empleados en Salud (CIE-11 y DSM-V) no recogen una adicción como tal a las nuevas tecnologías. No obstante, en Internet podemos encontrar diferentes páginas que nos hablan de este “diagnóstico”, incluso test para autoevaluarnos y conocer si lo somos o no. Al ser un fenómeno cada vez más extendido, las referencias al respecto también abundan, sin embargo, como decíamos, los manuales diagnósticos que se utilizan para recoger las enfermedades y trastornos con una base empírica, aún no lo han incluido. Las categorías diagnósticas que sí contienen y que están relacionadas con las nuevas tecnologías son las siguientes:

27-10.jpgSegún la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) de la Organización Mundial de la Salud (OMS):

  • Trastornos debidos a comportamientos adictivos:
    • Trastorno por juegos de apuestas.
    • Trastorno por uso de videojuegos.

En el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM-V) de la Asociación Psiquiátrica Americana el único diagnóstico de alguna manera parejo sería el siguiente, si bien está centrado en el juego y muchos de los síntomas requeridos para establecer el diagnóstico exigen la existencia de un gasto económico:

  • Juego patológico.

Muchos de vosotros diréis que vuestros hijos/as pasan mucho tiempo con las redes sociales, con la televisión o con internet en sí mismo. ¿Quieren decir estos criterios que si nuestro/a hijo/a tiene un consumo excesivo de otras tecnologías que no sean los video-juegos no podemos hablar de un uso inadecuado de las mismas? Nada más lejos de la realidad. Que no haya aún un diagnóstico que compile la sintomatología que presenta no significa que no haga un uso inadecuado o que no necesitéis consultar con un especialista, simplemente significa que aún no hay una categoría que lo englobe. ¿Cuándo entonces busco ayuda? (1) Cuando de manera continua nuestro hijo/a descuide sus responsabilidades por hacer uso de ellas, bien porque deje de hacerlas, o bien porque reduzca de manera notable su rendimiento. (2) Cuando empiecen a aparecer molestias físicas derivadas de su uso. (3) Cuando aparezcan síntomas negativos si no puede utilizarlas o sentimiento de urgencia de uso durante el tiempo previo a poderlas utilizar. (4) Cuando las priorice sobre otras actividades lúdicas-sociales que antes le eran importantes. (5) Cuando pase mucho tiempo haciendo uso de las mismas. Aunque no hay acuerdo entre los diferentes profesionales, se recomienda: de 0-3 años evitar el uso de “pantallas”; entre los 3-6 años media hora máximo al día; entre los 6-11 años no más de una hora y, a partir de 12 años, máximo dos horas. En este tiempo se entiende el uso recreativo, excluyendo el que es necesario para realizar las tareas escolares. Si nos damos cuenta, incluso los adultos excedemos este tiempo, no siempre por razones laborales, por lo tanto es importante tener en cuenta el resto de consideraciones para valorar la necesidad de consultar al respecto. Como en otras problemáticas, es muy importante la prevención, en este caso enseñando desde el principio a emplear las nuevas tecnologías de manera saludable, enseñando desde el modelo que somos los padres y consultar con un profesional ante los primeros signos de alerta.

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Referencias web

https://icd.who.int/browse11/l-m/es#/http%3a%2f%2fid.who.int%2ficd%2fentity%2f1041487064

https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=4&ved=2ahUKEwjEjL6LuPDjAhVLLBoKHYw9DXUQFjADegQIBRAC&url=http%3A%2F%2Fwww.eafit.edu.co%2Fninos%2Freddelaspreguntas%2FDocuments%2Fdsm-v-guia-consulta-manual-diagnostico-estadistico-trastornos-mentales.pdf&usg=AOvVaw02r017UDND_yAAMzdDySbA

https://www.guiainfantil.com/educacion/juegos/tabla-para-saber-cuanto-tiempo-tienen-que-jugar-los-ninos-segun-su-edad/

 

 

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Condicionamiento clásico en vacaciones

¿Alguna vez os habéis preguntado por qué en determinados sitios somos capaces de relajarnos sin importar lo que pase?

Independientemente de si somos más de playa o de montaña, o si preferimos un verano movido o tranquilo, hay lugares que nos hacen desconectar de un modo automático de todo lo que nos preocupa. Hay sitios que permiten a nuestra mente estar presente y disfrutar del momento por el simple hecho de encontrarnos allí.

Esto nos pasa a diario sin darnos cuenta. Por ejemplo, cuando vamos entrando por la puerta del trabajo, nuestro cerebro asocia esos ruidos, olores e imágenes a la actividad de trabajar y hace que cambiemos el chip a concentrarnos y por tanto nos resulta más fácil realizar la rutina diaria de trabajo. Lo mismo ocurre con paisajes, olores y sonidos que solemos experimentar en verano, momento en el que estamos relajados y la mayoría de las cosas que nos ocurren son poco importantes y con el fin de desconectar. Nuestro cerebro asocia el sonido de la ola del mar a relajación, sol, playa, calor, etc. Por tanto, no es solo que cuando estamos de vacaciones, el no tener que ir al trabajo hace que nos relajemos, sino que la percepción de múltiples estímulos ya condicionados otros años a esas sensaciones gratificantes, nos ayudan aún más a desconectar de la rutina diaria.

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A veces ocurre que a pesar de haber cogido vacaciones, no logramos desconectar o no sentimos que estemos totalmente disfrutando de nuestro tiempo libre, es por eso que vamos a ver una serie de tips para lograr asociar las vacaciones a ese modo descanso y relax.

Primero de todo, desconecta realmente, deja el móvil, Tablet o smartwatch en casa y ve a la playa, montaña, o donde sea que quieras ir desconectando realmente de todo. No podemos evitar que se nos cuele un email, un whatsapp o una llamada que pueda hacer que nos fastidie el día, todo puede esperar y lo importante en vacaciones es el descanso y autocuidado.

Segundo, haz lo que te apetezca sin importarte lo que digan los demás. Los complejos, vergüenzas o estar siempre mirando el qué dirán lo único que hace es impedirnos ser nosotros mismos y disfrutar de todo lo que nos gustaría disfrutar. Cada uno está sumergido en sus propios complejos y vergüenzas para mirar las nuestras, por lo tanto, pásalo bien sin importar nada más.

Tercero, date caprichos. Nos pasamos todo el año pensando en cuidarnos, estresados por el trabajo, sin poder hacer cosas por tener que madrugar, etc. En vacaciones puedes seguir manteniendo un estilo de vida saludable dándote algún capricho. ¡La salud no está reñida con disfrutar!

Cuarto, aprovecha para hacer deporte que te apetezca hacer. Durante el verano se abren multitud de oportunidades para realizar nuevas actividades que nunca habrías dicho que podrías hacer. Es mejor arrepentirse de haber hecho algo a luego estar preguntándose cómo habría sido si me hubiese atrevido.

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Haciendo estas pequeñas cosas puede ayudar a que tu cerebro asocie esta época del año al descanso, relax y diversión, lo que puede hacer que otros años tu cerebro te ayude a desconectar de un modo más efectivo.

¡Feliz verano!

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PAUTAS PARA PADRES DE NIÑOS CON TDAH

Todos los papás de niños con TDAH saben perfectamente qué características los definen y podrían darnos una clase a cualquiera de los profesionales acerca del tema. No obstante, antes de pasar a las pautas, intentaremos echar una mano con algunas características de estos niños que quizás cuesta más advertir.

Control de emociones y mantenimiento de la motivación y del grado de alerta. Estos niños se frustran fácilmente y no saben o no pueden inhibir su enfado o su angustia cuando tienen que afrontar ciertos esfuerzos. Además, les supone un enorme esfuerzo mantener la motivación, por lo que cambian frecuentemente de entretenimiento o tarea.

Dificultad en fragmentar, organizar y reconstruir conductas. Las dificultades para organizarse y planificar su actividad y su tiempo les van a afectar para resolver todo tipo de problemas.

La aversión a la demora del refuerzo. Dejar pasar el tiempo puede ser una enorme dificultad para los niños con TDAH, ya que no saben qué hacer, y la inclinación a buscar una recompensa inmediata suele acabar con la paciencia de los padres y pueden entrar en una dinámica de refuerzo a conductas poco adaptativas.

La falta de previsión de las consecuencias. Muchos padres temen que sus hijos se conviertan en carne de cañón de conductas problemáticas, precisamente por no ser capaces de anticipar las consecuencias de su conducta.

Déficit de autorregulación. Los niños con TDAH manifiestan una gran dificultad para guiar sus conductas mediante la percepción adecuada de la situación y mediante el pensamiento activo para frenar sus propias conductas inapropiadas.

Ineficacia del castigo. A los niños con TDAH les cuesta aprender de los errores, aunque éstos hayan sido castigados muy a menudo.

Vamos ahora con las pautas. Las dividiremos en tres apartados:

LÍMITES Y NORMAS

  • Que el niño no vea discordancias entre los padres respecto a las pautas de actuación. Los límites no pueden ser contradictorios: el padre dice una cosa y la madre otra, unas veces se permite y otras no. También eviten exigir algo que vosotros no hacéis
  • Utilizar los intereses del niño y emplearlos como motivación para ayudarle a aprender de forma más eficaz (“cuando terminemos puedes jugar con la videoconsola”)
  • Diferenciar entre las conductas voluntarias y las involuntarias. Los castigos aplicados a las acciones voluntarias deberían ser consecuencias lógicas de sus actos
  • Es conveniente dar órdenes claras y concisas, acompañando estas órdenes de contacto ocular y si es necesario haciéndoselas repetir al niño en voz alta
  • Evitar límites demasiado estrictos, así como castigos físicos o muy prolongados, suelen ser contraproducentes y de escasa eficacia. Utilizar como castigo “la ausencia de premio”
  • Hacerle partícipe de las tareas domésticas que pueda realizar según sus capacidades y alabarle cuando intente actuar por sí mismo
  • Un ambiente sin una normativa clara aumenta la ansiedad y confusión del niño. No actuar con él/ella de forma excesivamente permisiva. Sin embargo, es conveniente que proporcionarle pocas normas de conducta pero que éstas sean claras y coherentes
  • Evitar llamadas de atención en público. Comentar su comportamiento en privado: hablar tranquilamente con él de sus malas actuaciones y errores, explicándole que es necesario evitar las prisas y pensar antes de actuar

CONTROL AMBIENTAL

  • Evitar estímulos de alta intensidad (ruidos, luces, gritos), el niño responderá de forma exagerada a estos estímulos, gritos u órdenes fuertes
  • Situar al niño mientras hace los deberes en un lugar próximo al suyo para mantener contacto visual y más supervisión. Evitar estímulos que les distraigan (ventana, mesa desordenada, juguetes, etc.)
  • Comunicar al niño con suficiente antelación cualquier posible cambio en la dinámica del hogar de manera que pueda adaptarse a ella
  • Controlar la “intendencia escolar” antes de ir al colegio como si fuera una asignatura más (agenda, libros, lápices, etc.)
  • Procurar fraccionar las tareas y deberes a realizar en casa, utilizando tiempos más cortos. Las tareas largas deben dividirse en partes
  • Tener en cuenta que su comportamiento empeora en ciertas situaciones con menor control (cumpleaños, reuniones familiares, etc.)
  • Mantener entrevistas personales con el profesor/a cada cierto tiempo
  • Ante la hiperactividad motriz, permitirle la posibilidad de moverse en situaciones tales como: tiempo de comidas, deberes, etc.

AUTOESTIMA Y REFUERZOS

  • Aumentar su autoestima y confianza en sí mismo, ponderando sus éxitos por modestos que sean, no resaltando sus fracasos o afeando su conducta de forma reiterada. Motivación constante. Demostradle que lo valoráis
  • Cuando haga algo bien, reforzarlo con una sonrisa o una palabra de elogio
  • Las actividades extraescolares son importantes para estos niños, siempre que les gusten y que sirvan para mejorar su autoestima
  • Cambia la relación con tu hijo en una dirección positiva: pasa más tiempo con él
  • Préstale atención y escúchale hablándole con paciencia, comprendiendo su patrón de conducta y explicándole los planes para ayudarle

“Enfadarse con un niño enfadado, gritarle a un niño que grita y pegarle a un niño que pega, es como embarrarle de lodo porque se ha ensuciado y esperar que así se limpie”

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