Respeto ante todo

Cuando somos niños, todo lo que nos pasa es nuevo, las situaciones, los conflictos, los problemas. No sabemos cómo comportarnos porque todavía no lo hemos aprendido y necesitamos alguien que nos enseñe y anime a experimentar por nosotros mismos las respuestas que emitimos y las consecuencias que esto tienen en los demás. Es por esto que el aprendizaje por imitación es tan importante, y por descontado realizar un buen modelado, es decir, exponer a los niños a buenos modelos de conducta. Para ellos, igual que para nosotros en nuestro momento, los adultos son modelos de conducta que les dice lo que está bien y lo que no está bien hacer.

Para que un niño aprenda un comportamiento no solo tiene que verlo una vez en una sola persona, sino que lo aprende de múltiples ejemplos diferentes hasta que se atreve a realizar la conducta por si mismo. El problema es que es imposible aislar a un niño de otros entornos que no sean los que controlamos, por lo que no solo lo ve en su entorno ejemplos de comportamiento, sino que están expuestos a múltiples estímulos, ya sea en el colegio, en la televisión, en Internet, en redes sociales, y no todos tienen por qué ser buenos.

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Qué duda cabe que el deporte es o debería ser una gran fuente de aprendizaje muy importante en la educación de nuestros hijos ya que enseña valores como la superación, la deportividad, el pensamiento en equipo, saber ganar y perder, saber competir y por supuesto, amor por el deporte en sí mismo. Todo esto visto desde la perspectiva de un niño, supone una riqueza enorme, además de una buena oportunidad de diversión.  Además, en el mundo del deporte nos encontramos múltiples modelos de deportistas que los niños siguen con interés y devoción. Muchos son buenos modelos, profesionales de su ámbito que se comportan de modo deportivo y ejemplarmente, pero también los hay que no son de este modo y es por esto que hay que tener cuidado.

Si nos centramos en el fútbol dada la gran influencia que este deporte tiene en los niños, tras un poco de reflexión, podemos darnos cuenta de que es uno de los pocos deportes en los que parece que se puede increpar al árbitro sin consecuencias demasiado graves. El público grita improperios a los jugadores contrarios, los entrenadores dicen palabras malsonantes sin parar o los jugadores se insultan entre ellos a la menor oportunidad. Es una fuente de violencia constante a la que exponemos a nuestros hijos casi cada fin de semana.

 

Los niños ven en la televisión cómo un jugador de fútbol increpa al árbitro o se enfrenta a un contrario por motivos del todo antideportivos, y los adultos que estamos al lado del niño muchas veces alimentamos y fomentamos este tipo de comportamientos. Además, no solo lo ve en la televisión sino que en sus partidos de los fines de semana se encuentra padres que gritan al árbitro, al entrenador, a los contrarios, por lo que aprenden que este tipo de comportamientos son los adecuados para el entorno en el que están. El niño ve estos episodios e imita a sus ídolos durante sus propias competiciones. Los adultos, lejos de corregir el comportamiento lo fomentan riendo la gracia, increpando al árbitro o azuzando al propio niño para que se comporte de un modo violento.

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Aprenden que para ganar hay que jugar duro y que si el árbitro se equivoca o no pita lo que se quiere, se le puede insultar y faltar al respeto. Entonces ocurre que esta actividad que debería suponer una fuente de diversión y aprendizaje, se convierte en fuente de violencia y malos modales que se acaban exportando a otras áreas de su vida.

Los padres tienen una función muy importante en para hacer frente a esta situación cada vez más preocupante, ya que pueden, a través de su comportamiento modélico en estas situaciones enseñar a los niños a respetar a los demás, y sobre todo respetarse a si mismos con sus fallos y virtudes. Cuando los niños están jugando, los padres tienen que animar, nada más. No ganamos nada recordando al árbitro que se ha equivocado o llamando malo al entrenador, pero si, respetando las decisiones de quien está dirigiendo el encuentro y animando de un modo positivo a nuestros pequeños.

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¡Por un deporte sin violencia! Está en nuestras manos

Acerca de Elia Pesquera Pérez

Psicóloga Sanitaria del centro APAI. Número de colegiada: 33188. "Nunca sabes lo que puede pasar"
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