MENTE DE APRENDIZ

Una puesta de sol, el olor de una flor, andar descalzo por el césped, el momento del café, el contacto con las sábanas, el sonido del canto de los pájaros, observar una obra de arte, tu canción favorita, el momento de la ducha, recibir una sonrisa o un abrazo, escuchar el sonido de la lluvia, sentir el viento en la cara…

La vida está llena de pequeños momentos que, debido al ritmo frenético de la sociedad en la que nos  desenvolvemos, terminamos pasando por desapercibidos. Si, por el contrario, los viviéramos con “mente de aprendiz” podríamos experimentarlos en su totalidad y nos harían valorar más las pequeñas cosas del día a día.

Con este post quiero animaros a que renovéis vuestra visión del mundo día a día y que encontréis por lo menos un motivo para ser felices al día.

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¿En qué consiste esto de la mente de aprendiz?

Consiste en ver o experimentar las cosas como si fuera la primera vez. Es como cuando aprendemos a conducir, en esos momentos tenemos todos los sentidos en los mandos y pedales del coche… a medida que vamos aprendiendo, automatizamos esos movimientos y llega un momento en e que el conducir se convierte en un acto mecánico e inconsciente. En este caso, crear el hábito de la conducción es positivo, sin embargo, esto mismo lo hacemos con muchas otras cosas de la vida, creamos hábitos tanto de pensamiento como de acción y los repetimos a diario, lo cual hace que acabemos viviendo como robots. Por ello, os propongo que cada día tratéis de vivir de forma plena alguno de los momentos del día, soltando los pensamientos del futuro o del pasado y viviendo el AHORA.

Es recomendable que esta visión de la vida se la transmitamos también a las próximas generaciones. Los niños de una manera u otra también están contagiados  del ritmo acelerado de nuestra sociedad: el colegio, las actividades extraescolares, los idiomas, las responsabilidades en el hogar… Ellos también viven automatizados. Vamos a hablarles de todas las cosas de las que disfrutan a diario: una cama, una casa, una familia, dos brazos, dos piernas… a pedirles que cierren los ojos durante un instante, que elijan una de esas cosas que les hace sentir bien y que se fijen en sus sensaciones corporales al respirar y pensar sobre ello. De esta manera, les estaremos entrenando en valorar más las pequeñas cosas de la vida.

Para terminar, os dejo con este poema de Mary Oliver “El día de verano” para que reflexiones acerca de cómo queréis vivir la vida:

¿Quién creó el mundo?

¿Quién hizo al cisne, al oso negro?

¿Quién creó al saltamontes?

Me refiero a ese saltamontes – el que acaba de saltar en la hierba,

El que ahora come azúcar de mi mano,

El que mira a su alrededor con enormes y complicados ojos.

Ahora levanta una de sus patas delanteras y se lava la cara con ahínco.

Ahora abre sus alas de repente, y aleja flotando.

Yo no sé con exactitud en qué consiste una oración.

Pero si sé cómo prestar atención, sé cómo caer

Sobre la hierba, cómo arrodillarme en la hierba,

Como permanecer en quietud y consagrada, cómo pasear en los campos,

Que es justo lo que llevo haciendo todo el día.

Dime, ¿Qué otra cosa debería haber hecho?

¿No es acaso cierto que todo al final muere, y demasiado pronto?

Dime, ¿Qué es eso que planeas hacer con tu preciosa, salvaje y única vida?

 

 

Acerca de Raquel López

Psicóloga Sanitaria en centro APAI. "Disfruta porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora"
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