La técnica del semáforo. No es solo cosa de niños

En muchas ocasiones nos encontramos con el objetivo de mejorar la auto-regulación de los peques. De enseñarles a controlarse. La técnica del semáforo es solo una de las muchas herramientas que utilizamos para conseguir esto, pero nos viene genial para ilustrar lo que sucede en no pocos casos: quiero que mi hijo se controle pero resulta que yo no lo hago. ¿Cuántas veces le hemos dicho a voces a nuestros hijos que no se grita? ¿Alguna vez le has dado un azote a tu hijo porque te has enterado que había pegado en el cole?

¿No es un poco contradictorio?

Verbalmente te estoy diciendo que te controles pero, a nivel no verbal, te mando el mensaje de que las cosas se arreglan pegando o que la frustración se acompaña de descontrol. Como sabréis, la información no verbal, lo que dice nuestro cuerpo, es vital para comunicarnos; lo que seguramente no todos sepáis es que cuando la información no verbal es incongruente o contraria a la verbal, prima la no verbal. Es decir, si digo una cosa y mi cuerpo dice la contraria, es esta última la que más recibe y asimila la otra persona. ¿Quiere esto decir que la culpa de que mi hijo no se controle la tengo yo? ¡Para nada! Seguramente tu hijo tenga que desarrollar habilidades de auto-control y regulación, pero una excelente manera de aprenderlas es a través de sus figuras de referencia, y en eso, tu papel es fundamental.

Una vez sabemos que nuestra capacidad para regularnos influye en la de las personas que aprenden de nosotros, es importante, primero, que nos observemos, y que lo hagamos en situaciones problemáticas (por ejemplo, cuando mi hijo suspende un examen o nos llega una nota negativa del cole). ¿Qué emoción estoy teniendo? ¿Es enfado? ¿Frustración? ¿Decepción? Una vez identificamos la emoción, tenemos que aceptarla, luchar contra ella solo va a hacer que aumente y que incluso puedan aparecer otras emociones, como culpa por sentir dichas emociones. La aceptación es quizás la parte más difícil de esto que llaman inteligencia emocional. El paso siguiente es saber qué quiero transmitir. ¿Quiero que mi hijo conozca mi enfado? ¿Quiero que estudie más para la próxima vez? ¿Quiero que me cuente qué ha pasado y que, para la próxima, sepa que puede contar conmigo para ayudarle? Es importante que sepamos qué queremos transmitir para que la emoción no dirija nuestra conducta y al final el mensaje que nuestro hijo reciba sea totalmente opuesto.

Pongamos un ejemplo. Un padre, preocupado por su hijo porque sabe que tiene capacidad para aprobar sus exámenes, le dice gritando, además de castigándole, que está decepcionado con él (no con su rendimiento, sino con él) y que tiene que esforzarse más. Si preguntamos a ese padre qué quería conseguir con esta conversación seguramente nos diga que quería que su hijo viese que está preocupado por él y que puede contar con él para ayudarle. Si le preguntamos a su hijo, sobre todo si es preadolescente, lo más seguro es que nos diga que a su padre solo le interesan las notas que saca. ¿Ha sido eficaz la comunicación?

Para evitar este tipo de situaciones tenemos que regularnos, y esto en muchas ocasiones implica que tengamos que parar, relajarnos, y luego hablar. ¡Es que eso es muy difícil! ¿Acaso no es esto lo que les estamos pidiendo a nuestros hijos?

Sin títuloEl semáforo simboliza todo esto. En verde, disfruto del momento bueno que estoy teniendo. En amarillo, como me estoy empezando a poner nervioso, es importante que aplique las herramientas de relajación/distracción que conozco. Pero, si estoy en rojo, es mejor que corte la conversación, me vaya a un sitio en el que pueda estar tranquilo, y, cuando lo haya conseguido, retome la conversación.

Gritar acalla tu mensaje. Habla en voz baja para que tus hijos puedan oír tus palabras y no solo tu voz. L. R. Knost

Acerca de Tatiana Carbajo

Grado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) Máster en Psicóloga General Sanitaria por la UAM Clínico en EMDR por la Asociación EMDR España Psicóloga en Centro APAI Docente en charlas para profesores y profesionales del ámbito socio-sanitario Psicóloga en distintos talleres de la Comunidad de Madrid
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