Cómo meditar en los niños

Os tengo que reconocer que se me hace difícil escribir este post. Los que me conocéis sabéis lo poco que me pega la meditación y relajación. Desde siempre he pensado que el yoga y otras técnicas similares servían solo para algunos, y he descubierto que funcionan si quieres que te funcionen…
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Desde hace no mucho, supongo que será desde el nacimiento de mi chiquitín, he descubierto lo importantísimo que es anclarse en el momento presente y autoregular las emociones. Éstas últimas siempre nos juegan malas pasadas si se llevan al extremo (en el término medio está la virtud), y qué mejor técnica que la meditación para calmarlas y provocar una posterior reflexión sobre qué y cuál ha sido la situación que las ha suscitado.

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La meditación consciente ha existido de una forma u otra desde hace miles de años, pero recientemente, la ciencia ha empezado a analizar sus efectos en nuestras mentes y cuerpos, y se ha encontrado con algunos efectos interesantes. Pueden llegar incluso a multiplicar sus conocimientos en casa…
Si bien los adultos solemos usar la meditación para salir del estrés cotidiano, en los niños los beneficios pueden ser otros, como mejorar la concentración y el aprendizaje. Con niños especialmente inquietos es interesante plantear la meditación como un gran instrumento para que ellos se hagan dueños de su propia energía y puedan canalizarla adecuadamente. 
Imaginemos que uno de nuestros peques está empezando a portarse mal. ¿Qué hacemos? Espontáneamente, la respuesta sería castigarle. Desde hoy os vamos a proponer algo muy distinto. En lugar de castigar a los niños, os proponemos la existencia de una Habitación de PENSAR. Dicha habitación debe estar condicionada para ello, es decir, si en la misma atenuamos un poco la luz, ponemos objetos que inciten a la reflexión (como una botella de agua con colorante y purpurina), peluches, almohadas blanditas… conseguiremos animar a los niños que se portan mal a sentarse y ejercitar prácticas como la respiración o la meditación, lo que los ayuda a calmarse y volver a centrarse. Después de utilizar ésto con nuestros niños de APAI, hemos tenido padres que nos dicen, ‘llegué estresada a casa el otro día, y mi hija me dije: oye, mamá, es necesario que te sientes. Necesito enseñarte a respirar.’”
La meditación normalmente se asocia a los adultos, al estrés, o quizás a prácticas religiosas: rara vez pensamos en niños realizando esta tarea. Pero esta es una práctica que no discrimina sexos, edades ni religiones. Además, enseñar a los niños a meditar desde temprana edad, puede ser clave para el bienestar a lo largo de toda su vida.
En edad adulta, la meditación nos permite equilibrar nuestro ser interior, facilitando nuestra concentración e interacción con el mundo circundante. En los niños sucede algo similar, aunque con beneficios asociados también a su aprendizaje.
Con la meditación aprendemos a permanecer conectados con la tierra, a vivir el momento presente y a disfrutar de un tiempo de tranquilidad. Esto permite aliviar la tensión, mantenerse conectado con la propia esencia y construir un sentido del amor propio y la autoestima
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Pasos para enseñarles:
Por ello, al enseñar a meditar a los niños tenemos que elegir las técnicas apropiadas para la edad  de nuestros pequeños. Los siguientes consejos y estrategias te servirán para encauzar esta enseñanza.
Da ejemplo: Si quieres enseñar a meditar a un niño es necesario que él te vea hacerlo a ti primero o, al menos, que sepa que lo haces.
Adecúa el lenguaje a la edad de nuestro peque: Si le hablas al niño sobre estrés, tensión y ansiedad, probablemente no llames su atención. Y es que el niño es un niño, y no sufre los mismos conflictos diarios que un adulto. Aún no comprende los conceptos de estrés, de ansiedad, sino que siente sensaciones y emociones adversas y contrarias a la felicidad.
La respiración es el anclaje: Todas las personas que practican y enseñan la meditación saben que la respiración es el comienzo y el final de todos los tipos de meditación. Llevamos nuestra respiración con nosotros en cada momento. Por lo tanto, la respitación se convierte en el ancla, nos ayuda a centrarnos en el momento y en lugar presente.

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Los niños pueden aprender esto también simplemente observando su respiración, fijándose en cómo su pecho o su abdomen sube y baja con la inhalación y la exhalación. Esto les ayuda a estar en el momento presente, centrados en su respiración y en ninguna otra parte. Haciéndolo con él, los dos estaréis anclados en ese momento juntos, lo que también reforzará el vínculo entre ambos.
Aprende a adaptarte: La enseñanza de la meditación para los niños es un viaje personal para ellos y para ti. Los niños no siempre responden de la forma en que los adultos queremos. Con la meditación ocurre lo mismo. Podemos guiarlos en cómo sentarse, cerrar los ojos y en todos los pasos que deben dar, pero si ellos no quieren hacerlo no hay forzarlos.
Debes buscar estrategias para conectar con su interés, ofrecerles herramientas que les ayuden a calmarse y a relajarse. Muchos niños tienen dificultades para estar quietos o callados, lo cual no es malo, pero sí supone un reto.
Usa tu imaginación: Los adultos pasamos mucho tiempo pensando de forma racional y analítica, pero la meditación es un momento para ser creativos y dejar volar la imaginación. Os proponemos estos pictogramas para ayudar a los niños a entender el poder de la relajación/meditación.
Prepárate para un dosis extra de paciencia: La idea de enseñar a meditar a los niños puede parecer maravillosa. Pero no es fácil. De hecho, puede resultar muy frustrante si no lo enfocas desde una perspectiva flexible y paciente. Deja que el niño desarrolle su propia curiosidad, que se sienta libre cuando le propones las meditaciones y que observe y “maneje” la situación.
 

Acerca de Rocío Fernández-Durán Mazzuchelli

Psicóloga clínica: evaluación clínica, diagnóstico, intervención con técnicas cognitivo-conductuales, tratamiento, seguimiento y elaboración de informes en niños, adolescentes, adultos, familias y parejas. MÁS INFORMACIÓN: •Psicóloga colegiada: M-24238 •Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. •Directora y psicóloga clínica del centro A.P.A.I. (Atención Psicológica Aplicada Integral) •Máster Oficial de Psicología de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid. •Máster de Especialización en Psicología Clínica y Psicología de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid. •Psicóloga colaboradora del Gabinete de Orientación Psicopedagógica de la Universidad Francisco de Vitoria. •Experta en "Rehabilitación Psicosocial de personas con enfermedad mental grave y crónica". •Colaboradora del departamento I+D+i de Tea Ediciones.
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