LAS 3 FORMAS CORRECTAS DEL QUERER

“Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio.
Contigo porque me matas, y sin ti porque me muero”.
Antonio Machado.

Hace unos días leí un artículo que me encantó, en el cual he querido incluir mis propios matices. Venía a decir que existen tres formas de querer a una persona: con la cabeza, con el corazón y con la tripa. En la cabeza, querer se llama preferir; en el corazón, amar; y en la tripa, desear. Solo cuando cabeza, corazón y tripa se alinean, la persona elegida es deseada y el amor disfrutado. Ni basta con desear, ni es suficiente con preferir, ni vale con amar.

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TRIPA…

Enamorarse es tripa; amar es corazón. En la fase de tripa nuestro cerebro está segregando gran cantidad de neurotransmisores y hormonas que explican esa intensidad emocional. Se ha demostrado que durante esta fase se segregan neurotransmisores como la dopamina, que activa los circuitos cerebrales relacionados con el placer, la motivación, el impulso, los deseos… Circuitos que curiosamente también se activan en las conductas adictivas…

Es cierto que el “enamoramiento” y la sensación de euforia que se experimenta en los inicios de una relación son pasajeros y están muy asociados a cambios hormonales de duración limitada. No obstante, esa reducción de la pasión inicial, no quiere decir que se haya dejado de querer a la pareja, sifcac41c95651619e9086ae5c16516226 - copiano, más bien, que el tipo de relación que se establece con ésta, es diferente y está cada vez más basada en otros aspectos también gratificantes (pero diferentes de la simple atracción física y del deseo sexual de los comienzos), como son la confianza, la seguridad que proporciona el otro, la comprensión, la compañía, los momentos y actividades compartidos, el aprender del otro…

Aún con todo esto, el cuidado de la relación no podemos dejarlo en manos de las hormonas, confiando que hagan espontáneamente su papel. El amor es algo que hay que construir y alimentar. Es algo que depende de los dos miembros de la pareja y de lo que hacen día a día.

CORAZÓN…

El amar corresponde al corazón. “No son buenos tiempos para el corazón”, se dice. Y no se dice por decir. Estamos en una época que bien podría titularse “Te deseo mucho, te consigo rápido y te dejo de querer pronto”. El corazón no entiende por qué es al último que preguntamos, o por qué si se traza un eje imaginario en nuestro cuerpo, él queda a un lado cuando la tripa y la cabeza quedan centrados.

mi-corazon-en-tus-manos-frases-para-enamorar - copiaEl corazón es tan necesario como la cabeza, pues el único antídoto contra el miedo es el amor, y tanto amor como miedo coinciden en algo: no atienden a razones. Cualquier argumento racional, ni mitiga el miedo, ni espanta al amor. Por muchas veces que te digan que el avión es el medio más seguro, no se pierde el miedo a volar. Hay que aprender a vivir con el miedo de la misma forma que hay que aprender a vivir amando. Es el corazón quien te permite seguir a pesar del susto. No hay vuelo largo (que merezca la pena) sin turbulencias.

CABEZA…

Uno no elige de quién se enamora, pero sí elige a quién se expone. Para eso sirve la cabeza, para elegir, para recordarte que te enamores de lo que amas. ¿Cuál era tu ideal antes de conoceros? ¿Qué esperas de un compañero de viaje? ¿Qué querías? ¿Es esto? Enamórate de lo que amas y lo que solo te atraiga, déjalo ir, pero no lo mantengas Tener claro lo que queremos y tener claro lo que no, es el mejor filtro para evitar desamores.

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La cabeza no puede ser nunca un freno, sino guía que nos diga cuándo controlar la pasión y cuándo liberarla; cuándo sacarla a bailar y cuándo dejarse llevar. Y el corazón, ¿qué dice de todo esto? Al corazón muchas veces no le da tiempo a opinar. Es ese jugador de banquillo que, aún caliente, no le da tiempo a saltar. El corazón necesita tiempo. El corazón es apego, vínculo, hábito, conexión, y requiere un tiempo que muchas veces no se le da.

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Es necesario que recordemos que en el amor, como en todo, no puede haber siervos: ni la razón de la pasión, ni el corazón de la cordura. Todos son necesarios:

  • la cabeza para sugerir paciencia cuando la tripa diga “quiero, quiero y quiero”;
  • el corazón para decirle a la razón “tranquila” cuando con las dudas le invada el miedo;
  • y la tripa para encenderle una vela al corazón cuando se crea apagado.

Acerca de Rocío Fernández-Durán Mazzuchelli

Psicóloga clínica: evaluación clínica, diagnóstico, intervención con técnicas cognitivo-conductuales, tratamiento, seguimiento y elaboración de informes en niños, adolescentes, adultos, familias y parejas. MÁS INFORMACIÓN: •Psicóloga colegiada: M-24238 •Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. •Directora y psicóloga clínica del centro A.P.A.I. (Atención Psicológica Aplicada Integral) •Máster Oficial de Psicología de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid. •Máster de Especialización en Psicología Clínica y Psicología de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid. •Psicóloga colaboradora del Gabinete de Orientación Psicopedagógica de la Universidad Francisco de Vitoria. •Experta en "Rehabilitación Psicosocial de personas con enfermedad mental grave y crónica". •Colaboradora del departamento I+D+i de Tea Ediciones.
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