EL POTENCIAL DE LA PALABRA

Dos maestros, en la sala de profesores, comentan acerca de un alumno:

  • vaya tela con el niño, menudo pieza… ese en unos años lo vemos en “Hermano mayor”…
  • ¿Tú crees?
  • Bueno hombre, es un decir…

Esta conversación es solo un ejemplo de la interacción cotidiana que tenemos con los demás. Y atenuamos el impacto de nuestras palabras añadiendo “es un decir…”, sin darnos cuenta que “ese decir”, también es información registrada en nuestro yo y en el de los demás.

Tendemos a pensar que el lenguaje que manejamos es simplemente la expresión verbal de nuestros pensamientos… y nos equivocamos.

El lenguaje supone una cantidad inmensa de instrucciones que tanto la inteligencia física como la intelectual captan y que, por biorresonancia, pueden llegar a debilitarnos o fortalecernos tanto en el plano físico como en el psicológico.

La palabra afecta

El neurocientífico alemán Manfred Spitzer realizó un experimento para comprobar el efecto de la palabra. Utilizó un texto en el que aparecía repetidamente la palabra “viejo”. Después de leerlo incluso los más jóvenes andaban más despacio durante un tiempo. En cambio al hacer la misma prueba con la palabra “deporte” aceleraban el paso y con “biblioteca” su tono de voz bajaba.

El resultado es claro: las palabras nos afectan.

A nadie se nos ocurriría, en una entrevista de trabajo, utilizar un lenguaje soez, crítico y juicioso con nuestro entrevistador. Nuestro objetivo es conseguir ese trabajo y cuidamos al detalle nuestras palabras a favor de alcanzar nuestra meta.

Entonces… ¿Cómo es que con nosotros mismos en numerosas ocasiones descuidamos tanto los mensajes que nos lanzamos?

Aquí van algunas estrategias que nos ayuden a regular nuestro lenguaje interior:

  • DESIDENTIFICACIÓN. La mayor parte de las definiciones verbales que nos decimos a nosotros mismos sirven para estructurar el mundo y comprenderlo, para posicionarnos en él y que todo cobre un sentido que llamamos “lógico”.El peligro de esta estructura es caer en la identificación con las palabras, de manera que se crea un personaje y se pierde esencia.

IdentificaciónSi en esa identidad creada una de las palabras que manejo es “soy buena persona”, cualquier acto por mi parte que no lo corrobore generará desequilibrio en mi estructura y por consiguiente malestar.Así, es conveniente utilizar las definiciones como herramienta para expresar el mundo, no para identificarnos como seres.

  • PREGUNTAS ADECUADAS. La pregunta por excelencia para entender el mundo es “¿Por qué?”. Sin embargo… ¿Nos hemos parado a pensar cuántas respuestas rápidas y eficaces ofrece esa pregunta? La realidad es que muy pocas.

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Esta pregunta nos introduce en toda una elaboración mental de infinitas posibilidades donde perdernos es lo más fácil.

Ahora cambiemos la pregunta… ”¿Para qué?” Esta manera de comunicarnos con nosotros mismos es más directa y clara, ofrece posibilidades tangibles, nos permite avanzar.

  • CONCRECIÓN. Palabras como “todo, nada, nunca, siempre…” son un clásico en nuestro lenguaje cotidiano. Palabras que, en esencia, carecen de límites. Por lo tanto, no representan metas concretas, ajustadas y asequibles. Minimizarlas en nuestro repertorio será vital para alcanzar esas metas y posicionarlas en el tiempo que les corresponde: el ahora.

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 Otra conversación que, después de lo leído, es probable que tenga otro sabor.

-Me siento como un salmón

-¿Te sientes fuerte, libre y salvaje?

-No, siento que voy a contracorriente, es un decir…

Y ahora te pregunto a ti, salmón:

-¿Ya has elegido que tipo de lenguaje quieres utilizar para lanzarte al río?

Publicado por:

Ana Pérez Domínguez.

Psicóloga y experta en estimulación del lenguaje del Centro APAI.

Foto

Acerca de Rocío Fernández-Durán Mazzuchelli

Psicóloga clínica: evaluación clínica, diagnóstico, intervención con técnicas cognitivo-conductuales, tratamiento, seguimiento y elaboración de informes en niños, adolescentes, adultos, familias y parejas. MÁS INFORMACIÓN: •Psicóloga colegiada: M-24238 •Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. •Directora y psicóloga clínica del centro A.P.A.I. (Atención Psicológica Aplicada Integral) •Máster Oficial de Psicología de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid. •Máster de Especialización en Psicología Clínica y Psicología de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid. •Psicóloga colaboradora del Gabinete de Orientación Psicopedagógica de la Universidad Francisco de Vitoria. •Experta en "Rehabilitación Psicosocial de personas con enfermedad mental grave y crónica". •Colaboradora del departamento I+D+i de Tea Ediciones.
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